Archivos Mensuales: febrero 2016

Ida y vuelta a Quijorna

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Perfil de la ruta: Boadilla – Quijorna

Fecha: 27 de febrero de 2016

Asistencia: 4

Distancia: 47,8 kms.

Ruta: Ida y vuelta a Quijorna

Meterología: pues tampoco era para tanto.

Pues no, no eran muy halagüeños los hados la noche anterior: anuncio de temporal con amenaza incluso de nevadas durante la madrugada no hacían especialmente atractiva la salida de este sábado. Sin embargo, y a pesar de haber adelantado ya en media hora la salida por eso del horario de verano anticipado que nos marcamos, no fue ni el frío, soportable, ni la lluvia, casi ausente, ni el viento, que sopló a rachas pero poco, lo que más nos hizo sufrir, sino nuestro viejo amigo el barro que, acumulado a lo largo de la semana por las lluvias caídas, hizo de nuevo que cada pedalada fuera un poco más dura en las subidas y que las bajadas exigieran de toda nuestra destreza para, a pesar de ir con la vista bien fija en el suelo, no llevase nuestras ruedas a alguna rodada traicionera o a un engañoso peralte resbaladizo que diera con nuestros huesos en el suelo. Afortunadamente todos volvimos íntegros y sin magulladura alguna, aunque bien cansados y con las bicis acumulando un buen sobrepeso en forma de barro adherido.

El trayecto sólo incorpora una novedosa, para algunos, subida del 8% (unos 160 metros de subida en unos dos kilómetros) desde Villanueva de la Cañada hacia Valdemorillo por camino pedregoso y resbaladizo que, a medio recorrido, abandonamos para enfilar una bajada interesante a Quijorna. Dehesa bien bonita con paisaje espectacular que nos hace desembocar en el mismo pueblo.

Una vez abajo, ya más por cansancio que por falta de ideas, decidimos acortar y volver a Villanueva de la Cañada por la carretera M-521. Los escasos 4 o 5 kilómetros que separan ambos pueblos los hicimos en un santiamén: quizás por que nada que ver tienen la sensación de ligereza que da el pedalear sobre terreno asfaltado con los sufrimientos del camino habitual o quizás y también por el miedo de que alguno se nos lleve por delante con su coche. Poca seguridad que nos dan los recorridos por carretera.

Poco más de novedoso en la ruta más allá de la mejora técnica que, en forma de nuevo paso hacia la profesionalidad de un siempre innovador Santonja, ha incorporado en su bici: el monoplato. Cuando acabe de encontrar los pedales que le hagan “tilín“, no va a haber quién pueda con él.

La próxima semana descanso y retomamos a la siguiente.

Subidón, subidón

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Alcanzando la cima

Fecha: 20 de febrero de 2016

Asistencia: 5 de 7

Distancia: 42,16 kms

Ruta: Subida al Paredón

Meteorología: Día primaveral a pesar de estar en febrero. El tiempo está un poco loco.

Hoy, casi año y medio después del último intento, conseguí alcanzar la cima del Paredón, Río Chico o, como mi subconsciente se obstinaba en denominar, la puñetera cuesta. Ha costado pero, finalmente, ha sido vencida y doblegada. Confieso que no ha sido fácil, casi me dejo los higadillos y, siendo sincero, tuve que empujar la bici unos metros en el repecho central, pero, a pesar de todo ello, doy por vencido a mi viejo enemigo y por conquistada la cuesta del Paredón. No voy a ocultar que, a pesar de no ser un puerto de los de salir en las rutas profesionales de ciclismo, (no quiero ni imaginar lo que serán) para mí tiene un valor especial haberlo conseguido: demuestra que, aunque no he conseguido domesticar la báscula que sigue en una tendencia indefinida de subidas y bajadas, algo de forma he cogido y la mejora se siente. El orgullo de las pequeñas victorias contra uno mismo.

En lo ciclista, un día sensacional. Buen tiempo, nada de barro y una vuelta con parada gastronómica en la plaza de Villanueva de la Cañada, con pincho y Coca-Cola como en los viejos tiempos. Un día de los de crear afición. Por ponerle un lunar a lo que no lo tiene, quizás mencionar la carrera que nos tuvimos que dar en Romanillos cuando el mastín de turno le dio por desentumecer piernas persiguiéndonos. Afortunadamente estábamos frescos y corrimos más que él.

Para la próxima, hay amenaza de ruta antológica premeditada por nuestro explorador más en forma: Ángel. ¡¡Que Dios nos coja confesados!!