Madrid-Segovia 2018

 

Madrid-Segovia-1

Llegada en Segovia

Fecha: 26 de mayo de 2018

Asistencia: Cinco a la salida y cinco a la llegada.

Distancia: 117 kms oficiales, algo menos en la realidad (115,17 kms)

Ruta: Madrid-Segovia

Meteorología:  Nublado todo el tiempo pero sin lluvia…ya había llovido todo lo que tenía que llover los días anteriores.

 

Pues, sorprendentemente, llegué. Sinceramente no hubiera dado mucho por ello antes de empezar, pero lo hice.

La prueba empezó a las 8:15 h. en Las Tablas, tras una salida a mogollón donde, lo que más temíamos, era engancharnos con el que rodaba al lado. Salimos en tromba los 2.000 locos que nos habíamos inscrito en esta marcha, con los profesionales por delante con cierto tiempo de ventaja sobre el pelotón “popular”. Ambientazo en la salida, muchas ganas, nervios e ilusión.

Al poco empieza lo serio con las primeras rampas para llegar a Tres Cantos que nos sirvieron para despertarnos y, aunque la tentación nos empujaba hacia el carril bici para evitarnos los primeros sufrimientos, aguantamos como jabatos y cumplimos a rajatabla con el recorrido marcado por la organización. El pelotón de cinco ya quedó roto en esos primeros instantes con los que iban a por tiempos delante y los que nos marcamos como objetivo llegar, bastante más retrasados. La media, bajita. Ya llamaba la atención que no adelantásemos a nadie y que no dejaran de pasarnos….nos daba igual. Pedalada a pedalada íbamos avanzando hasta Segovia.

De Tres Cantos a Colmenar todos muy agrupados. Sólo cuando comenzó la subida a Manzanares, empezó a estirarse el grupo. ¿Los culpables?, primero, el cruce por debajo de las vías de tren al dejar Colmenar y después las trialeras que, disfrazadas de camino, tuvimos que pasar en fila de a uno pie a tierra.

Desde Manzanares, justo después del segundo avituallamiento, llegaron las primeras rampas importantes en Matalpino.  Las fuerzas todavía seguían ahí, así que, alternado tramos encima y al lado de la bici, avanzamos para llegar a las trialeras paralelas a la M-607 donde desembocamos para empezar la subida al puerto de Navacerrada. Abandonamos la carretera al poco para, en una de las pocas bajadas donde se puede dejar uno llevar, descender hasta Cercedilla.  En ese momento, ya llevaba más de 5 horas y media de bici y el primero hacía rato que había llegado a Segovia.

Otra vez ambientazo, reencuentro con los compañeros del pelotón, revisión de la bici cortesía de Merida y, tras plato de pasta y gominolas, el momento de la decisión: seguir o abandonar. Mis piernas me decían de dejarlo ya, mi cabeza me recordaba que tenía el coche aparcado a pocos metros en previsión del abandono, pero me pudo el corazón y decido, por lo menos, intentarlo. Así que, me subo a la bici y me lanzo por la segunda etapa junto a los javieres.

Subida a la Solana lamentable: empujo más la bici de lo que he hecho jamás, al coronar, me dan calambres en las piernas y estoy a punto de darme la vuelta. Unos minutos de parada y un gel me devuelven la esperanza y decido seguir. Subo y bajo el puerto del León empujando la bici otra vez, ahora ya no por falta de fuerzas, sino por lo inclemente del terreno: pedregoso, embarrado e impracticable. Llegada a la Panera, recorrido cuesta abajo por algunos kilómetros y reencuentro con los Javis para seguir todos juntos un rato y después sólo con Santonja. A partir de ahí, sube y baja, barro y cansancio con sensación de agotamiento cada vez mayor y el total convencimiento de que el cuenta kilómetros no avanza. El desierto anímino de los 90 kms se abalanza sobre mí y sufro enormemente hasta las últimas subidas al dejar atrás el embalse de Puente Alta.  Pasado este último escollo, ya todo es bajada hasta Segovia, disfrute  y, rodando a buen ritmo, llegada en el Acueducto donde entro de la mano de mi colega Javier Santonja. ¡¡Momentazo!!.

Madrid-Segovia-2

La llegada a Segovia con Javier Santonja

Imagino que todo esto forma parte de la famosa crisis de los cuarenta que a mí me ha llegado un poco retrasada. Sé que no es un gran logro hacer el trayecto en las 10h. 53m. que marcó el cronómetro pero, al menos a mí, me ha valido tanto como ganar Roland Garros. Toda una experiencia aunque, la verdad, no creo que me veáis en otra. 🙂

Como siempre, lo mejor, el compañerismo: gracias a los javieres, Santonja y Ramírez, por haber sacrificado sus tiempos por amistad.

 

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