La Ruta Viriato

IMG_20181117_213041_475Fecha: 17 de noviembre de 2018

Asistencia: Tres de los más aguerridos.

Distancia: 47,61 kms.

Ruta: Ruta Viriato

Meteorología: Día nublado pero que no se convirtió en lluvioso. Algo de frío, pero más por la altura que por el tiempo en sí mismo.

Pues esta vez nos fuimos al valle del Tiétar a hacer la ruta Viriato. Tras una muy buena labor de investigación por parte de Tabasco, nos liamos la manta a la cabeza y nos fuimos de excursión al Real de San Vicente, provincia de Toledo. Una horita y cuarto de coche y nos plantamos en el pueblo que, a esa hora, aparecía nublado y como única actividad grupos de cazadores que nos preocuparon ya que, según nos dijeron, iban a dar una montería.

No lo dudamos y para evitar que nos confundieran con algún jabalí y la salida acabase con funestas consecuencias para nosotros, nos pusimos rapidito a darle al pedal. La zona no puede ser más bonita, con castaños, robles y encinas a lo largo de todo el camino. Las pendientes no eran especialmente exigentes en esta primera etapa pero haberlas las había por lo que, casi sin darnos cuenta, las piernas se iban cansando poco a poco y las ropas de más empezaban su camino a la mochila.

Charla que te charla, los kilómetros van cayendo y las fotos se suceden. Algunas veces con nosotros y las más para dejar constancia de un paisaje maravilloso.

Todo bien, ay, hasta que llegamos a Almendral de la Cañada. El alma se me cae a los pies viendo las antenas que nos hacían de referencia del punto más alto del recorrido y asoman las primera rampas. Por mucho pundonor y a pesar de haber perdido bastantes kilos, no puedo con ellas. Me bajo de la bici y, con una técnica muy depurada por los años de práctica, empujo la bici intermitentemente. Me asusto al sentir los primeros calambres por lo que, parada y nueva barrita con masaje en los doloridos músculos parecen salvar la incidencia. Vuelta a subir y abandono. Dejo a mis compañeros que suban los 300 m. que quedaban de desnivel hasta las antenas y quedo esperando en un cruce de caminos. En los 20 minutos que tardan mis compañeros en subir y bajar, me reconcilio del género humano: de tres coches que pasan, tres se paran y me preguntan si necesito algo. La humanidad funciona.

Una vez reagrupado el pelotón, enfilamos la bajada de 4 kms. que, seguro que por error en la elección del camino, resulta una trialera terrible que debemos bajar a pie por no arriesgar nuestra integridad física.

Llegada al sitio de partida y descubrimiento de un asador espectacular en el que morcilla, habitas y cervezas nos dan, junto con un precio más que razonable, la excusa, que realmente no necesitábamos, para volver.

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