MTB Madrid – Segovia 2019

 

MTB Madrid Segovia 2019

Llegada a Segovia

Fecha: 1 de junio de 2019

 

Asistencia: 4 de 5. Nos faltó el jabato Santonja.

Ruta: MTB Madrid-Segovia

Distancia: Oficialmente 117 kms, en realidad, un par de ellos menos.

Meteorología: Calor aplastante.

Y ya van dos. Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra y, al igual que en la edición pasada, me prometer de nuevo que no me vuelven a encontrar en otra como ésta. Seguro que mi cerebro, en un par de días, empezará a olvidar lo sufrido y a sublimar lo bueno de esta paliza, pero creo que, a diferencia de lo acontecido el año pasado, espero que mi (escasa) inteligencia me proteja de intentarlo una tercera vez.

¿Qué decir de la prueba?.

Ilusión. Toda la que hemos volcado en los últimos meses entrenando todos los sábados, siguiendo un plan de entrenamiento donde, progresivamente, íbamos subiendo en distancia, desnivel y dificultad, pero siempre disfrutando de esto de la bici.

Emoción. Ese primer momento en la salida con miles de ciclistas listos para empezar un día que, para todos, fue largo. Los AC/DC sonando en la línea de salida, los primeros atascos, ese volar en pelotón bien nutrido hasta Colmenar, ese hormiguero que parecían los dos primeros avituallamientos, esos ánimos que nos deseábamos entre todos…sin hablar de la llegada a Cercedilla primero y a Segovia a media tarde.

Calor. Que sustituyó al barro del año pasado y que fue casi más cruel que él. Ese solazo que, a medida que pasaban las horas, hacía cada pedalada más dura y cada repecho un poco más empinado que el anterior.

Esfuerzo y sufrimiento. El de todos. Desde el primero hasta el último. Desde el que volaba en la bici para llegar a Segovia a subirse al podio como el del último que, como muchos de nosotros, acabó la carrera extenuado, empujando la bici a tramos y deseando llegar al siguiente puesto de avituallamiento para recargar agua y dar cuenta de algo de fruta.

Orgullo. ¿Por qué no decirlo? Por ser capaz de darnos una paliza así y llegar. Por tener una segunda medalla sin valor material pero que cuelga ya en un lugar predominante del salón de como si de una joya se tratase. Ocupando un espacio en casa donde para echarle un ojo cuando flojeemos y creamos que no somos capaces de afrontar el próximo reto.

Y lo mejor, compañerismo cuando no amistad. Ese empujón de un desconocido, ese “¿Todo bien?¿Necesitas algo?” que nadie se ahorró cuando te veía parado en el camino, al borde de la extenuación en un repecho o recuperando la respiración debajo de algún árbol. Ese esperar y ser esperado para, como no podía ser menos, entrar a la vez bajo el arco de llegada porque lo importante, más que llegar, era que lo hiciéramos todos.

Ahora toca descansar y recuperar las piernas que, a día de hoy, aún se quejan. Seguro que en pocos días volveremos a subirnos a las bicis, a las rutas de siempre, a esas paradas con coca cola, picos y queso donde charlar de la semana con los amigos porque, no lo perdamos de vista, lo nuestro es salir con los amigos con la excusa de la bici.

Un servidor, ya no volverá a intentarlo en la edición del 2020. Seguro que estaré atento a las notificaciones que envíe la organización y aunque algún momento de flaqueza pueda tener estoy convencido que todo lo que había que demostrarse ya ha quedado demostrado y no hay necesidad de más.

A ver si lo cumplo.

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