Archivo de la categoría: MTB

El ocho de Chapinería

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Sobre el valle del Alberche

Fecha: 3 de diciembre de 2017

Asistencia: Cuatro de los habituales.

Distancia: 36,48 kms.

Ruta: Un ocho alrededor de Chapinería.

Meteorología: Frío, pero que mucho frío, aunque seco….y menos mal, llega a caer algo de agua y nos nieva seguro.

No hay nada como improvisar con ganas en el último momento. Aunque ya hacía tiempo que había visto esta ruta en Wikiloc y que parecía atractiva: paseo por el monte poco transitado, paisaje de bosque asegurado, pocas pendientes y un circuito en ocho que, caso de no convencer, tenía fácil en dejar a la mitad ya que pasábamos por el punto de partida a los 20 kms de haber empezado, nunca había propuesto en serio hacerla.

No hizo falta mucho esfuerzo en convencer al pelotón que ya anda un poco cansado de las rutas de siempre así que, tras una ardua negociación por acordar una hora de salida, madrugar o no madrugar, this is the question, quedamos a las 8:45h donde siempre y, tras montar las bicis en los coches, nos dirigimos por la carretera de los pantanos a Chapinería, punto de salida y llegada de la etapa.

Bajadas las bicis a la entrada del pueblo, a eso de las 9:30 ya andábamos en ruta los cuatro que éramos más el nuevo cacharrito que se nos había agenciado Ramírez (Garmin Edge 520) ya cargado con la ruta y que, aunque en fase de rodaje, nos guió con éxito todo el camino,

La salida desde Chapinería no es muy excitante: tras cruzar la carretera de los pantanos por una pasarela elevada, la ruta empieza por una pista sin asfaltar ancha y con poco desnivel. Vamos atravesando prados vallados yendo paralelos a las conducciones de agua desde el pantano de Picadas a Majadahonda. A los pocos kilómetros, el camino se transforma, y, corriendo paralelo a un muro de piedra, empieza a picar hacia arriba y a volverse pedregoso. Tras unos dos kilómetros de subida llegamos al mirador sobre el valle del río Alberche. Vistas muy bonitas aunque empieza a soplar el que, a la postre, sería uno de los peros de la ruta: el viento.

A partir de ese momento, bajada técnica sobre caminos deshechos y vistas sobre las antenas de la estación seguimiento de satélites de Robledo de Chavela. Paisaje espectacular y poca, muy poca, gente. Toda una delicia.

Desde el punto más bajo, empezamos a recuperar cota y nos encaminamos de vuelta a Chapinería que alcanzamos al poco. Habíamos cubierto la primera mitad del recorrido.

Atravesamos el pueblo y encaramos la segunda parte que nos lleva al norte. El camino empieza atravesando corrales y, al poco, empieza a subir por dehesas de encinas donde nos encontramos a los que, a partir de ese momento, se convertirán en nuestros compañeros de ruta: los cazadores. Bajo un tiroteo importante, que por ratos nos hace llega a asustar por la intensidad, seguimos la ruta que nos marca el navegador y, con un constante sube y baja, van cayendo los kilómetros. El viento que, ahora no tiene impedimento ya que atravesamos prados yermos, nos da de lleno y hace que cada pedalada cueste un mundo. Unido a que el final de la etapa es una constante subida, nos deja a los menos en forma totalmente desfondados.

Sin tiempo para una triste tortilla, ya que se nos había hecho un poco tarde, volvimos a montar las bicis en los coches y de vuelta a casa.

Buena ruta que marco como dura por las inclemencias del tiempo, frío y viento, más que por su perfil. Merece la pena en cualquier caso y la marco como favorita en mi perfil de Wikiloc.

 

 

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De nuevo Río Chico

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De vuelta ya en casa

Fecha: 11 de noviembre de 2017

Asistencia:  de nuevo, sólo dos. Esto ya se está convirtiendo en tradición.

Distancia: 46,39 kms.

Ruta: Boadilla – Río Chico

Meteorología: Por fin un poco de frío, pero menos de lo habitual para estas fechas.

Esta vez, a pesar de las buenas intenciones del pelotón, y quizás porque ya habíamos salido el jueves (día de liberación parental al ser festivo en Madrid, pero los peques tenían cole), de los muchos que se habían comprometido a salir el sábado, sólo dos nos presentamos para el paseo matutino. Por ese espíritu de voluntarismo que tanto nos caracteriza y ese, ya eterno y fallido, deseo de ponerme en forma, convencí a mi subconsciente de que no hay cuesta mala y nos dirigimos hacia las cuestas de Río Chico.

La mañana estuvo un poco fresca y el frío calaba bien en unos cuerpos que, hasta hacia poco, habían disfrutado del calorcito de la cama. No ayudó mucho el camino, paralelo a la M-503, sin un triste árbol y muy expuesto al viento que, por el cierre de la finca de Romanillos, nos vemos obligados a emplear para llegar hasta el cauce del Guadarrama. En un rato nos plantamos en Villafranca del Castillo y tras atravesar la alameda que, por más veces que uno pasa, no deja de gustarle tanto como la primera vez que la ve, llegamos a la M-509, que atravesamos para seguir, de nuevo, paralelos al cauce del Guadarrama y alcanzar el puente del Retamar, que marca el inicio de la subida a Río Chico.

Extraña sensación esta vez en la subida. Quizás por la sugestión que, otras veces que lo he intentado, habían dejado en mi subconsciente, me la esperaba mucho más dura de lo que fue al final. No quiero decir que no sufriera, que lo hice, pero no me pareció tanto como en el pasado. ¿Estaré mejor de forma?…..seguro que no. También es verdad que, tras el primer repecho brutal, nos desviamos y exploramos una nueva, al menos para mí, variante que, atravesando a media altura las colinas de esta zona y yendo entre pinares, me pareció espectacular. Al final, por eso de que era un sube y baja nada despreciable, estoy convencido de haber subido más que si hubiéramos coronado el camino por su trazado habitual. En cualquier caso, mucho más bonito que por el camino de siempre.

La vuelta, con parada para degustar pincho de tortilla y Coca cola en el Pardillo, no tuvo más historia que la subida, pesada por lo extensa, que, desde el Guadarrama, nos tuvimos que marcar para volver a Boadilla.

La próxima semana, más y con nuevo compañero.

 

 

 

Casi una visita al Zoo

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Con un atrevido gamo

Fecha: 23 de septiembre de 2017

Asistencia: Dos de los habituales.

Distancia: 34,86 kms.

Meteorología: Uno de esos días que no sabes qué ponerte, frío al empezar y calor importante a la vuelta.

Ruta: Desde el Lago de la Casa de Campo a El Pardo.

Fieles a nuestra cita de los sábados por la mañana a pesar de haber trasnochado la víspera, este sábado nos hemos dado un paseo desde la Casa de Campo hasta El Pardo que, por la cantidad de fauna que hemos visto, más parecía una excursión al zoo o una montería que nuestro tradicional encuentro con el pedal.

Cierto es que no íbamos con muchas ganas de ruta heroica esta semana por lo que, habiendo quedado a las 8 de la mañana, los dos supervivientes del pelotón nos miramos a los ojos en el momento de empezar, y haciendo gala de esa complicidad que dan los muchos kilómetros compartidos, decidimos hacer un poco de trampa: subimos las bicis al coche y nos fuimos a la Casa de Campo calentitos y sin mucho esfuerzo quitándonos algunos kilómetros de la ruta original. Una vez allí, pedaleando paralelos al Manzanares por el carril bici, nos plantamos en Puerta de Hierro y, de ahí, seguimos hasta el Escorial por el monte. Atravesamos el pueblo y seguimos hasta el desagüe del pantano por el camino que sigue paralelo a la valla.

Quizás porque el camino era bien conocido y no habíamos visto nunca tanto animal suelto, nos llevamos tanta sorpresa al ver los rebaños de gamos que, imagino que por estar en la época de la ronca, estaban menos atentos a la presencia humana, llegando, como la atrevida hembra de la foto, a dejarse alimentar de nuestras manos directamente. Todo un espectáculo de vida silvestre a escasos kilómetros de la urbe que no deja de impresionar a urbanitas como nosotros y a los muchos paseantes, que imagino conocedores de la actividad de los gamos en estas fechas, se echaron al campo con mochilas y cámaras.

En cuanto a lo ciclista, poco nuevo en esta crónica, más allá de nuestro reencuentro con los torreznos y el pincho de tortilla que, a pesar de los muchos intentos, se nos había resistido más de la cuenta en las anteriores salidas.

Las tubeless también se pinchan

 

Reparador Mammoth

Lo que me faltó el sábado

Fecha: 26 de agosto de 2017

Asistencia: Salida en solitario.

Distancia: 36,25 kms.

Meteorología: Nublado a pesar de ser aún agosto. Temperaturas de otoño para un final de verano fresquito.

Ruta: Boadilla- Casa de Campo (incompleta)

Pues eso, lo que en sus inicios no iba a ser más que una salida de entrenamiento para ir quitándome las ganas de bici, se convirtió en toda una aventura. Ya debía haberme sospechado algo en el primer momento cuando, al revisar la presión de  los neumáticos,  vi un poco baja la rueda trasera. Tampoco le dí mucha importancia: después de dos semanas de no haber tocado la bicicleta por vacaciones, tampoco me sorprendía que hubiera bajado un poco. Confiado como estaba en la infalibilidad de mis tubeless y que la ruta que barruntaba no era especialmente compleja (no presté atención en que, a lo tonto, me alejo ya bastantes kilómetros de casa) tampoco presté mayor importancia al tema y me fui.

Como era de esperar, la falta de actividad y el haber salido la noche antes, hizo que mi cuerpo remoloneara un poco y pendientes que no tienen ya mucha historia me parecieran un poco más complicadas de lo habitual. Como ya dijo alguien, hacerse mayor no se nota tanto en las cosas que ya no puedes hacer, sino en el tiempo que tu cuerpo necesita para recuperarse de los excesos y los veinte años ya quedan muy atrás.

El paseo, que no se puede llamar de otra manera, se desarrolló sin mucha historia. El tiempo acompañaba y, aunque salí más tarde de lo habitual (me puse el despertador bien temprano, pero mis huesos se negaron a despegarse de la cama fácilmente) las nubes que me acompañaron mitigaron el peso de un sol que, normalmente por estas fechas, hubiera sido inclemente.

Los problemas empezaron a la llegada al lago de la Casa de Campo. En un viraje noté que la bici “culeaba” más de la cuenta y vi que andaba un poco baja. Bimba en mano, resuelvo el problema sin más reflexión. A destacar la solidaridad del resto de ciclistas, no pocos se pararon a preguntar si necesitaba una mano en los menos de 10 minutos que me llevó el inflado. Otro punto a favor de este deporte. Desgraciadamente, la rueda se me vuelve a desinflar a los dos kilómetros, por lo que repito operación otras dos veces hasta que, llegado a la urbanización de “La Cabaña” la rueda se niega a mantener un mínimo de presión más allá de 200 metros. Revisándola con un poco de atención veo, y noto, una salida de aire por la que ya no sale el típico líquido sellador de las tubeless.

Asumiendo mi derrota, descuelgo el teléfono y llamo a mi señora, que camisón aún en ristre,  se coge el coche y me recoge.

Es evidente que la magia no existe por lo que, por bueno que sea el equipo, el mantenimiento es esencial. Probablemente el problema se debió a que debía haber cambiado el líquido hace ya algún tiempo, o rellenarlo, que aún no sé lo que hay que hacer en estos casos. Sea como sea, y aunque aprenda de mis errores, ya he visto un producto en Mamoth que va a acabar esta misma tarde en mi mochila. El kit de reparación de tubeless de esta marca.

¡¡Esto no me vuelve a pasar!!.

El Álamo

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El Álamo

Fecha: 15 de julio de 2017

Asistencia: Salida en solitario.

Distancia: 66,85 kms.

Meteorología: Plena ola de calor veraniega. Me salvo de la quema por mi gusto por el madrugar.

Ruta: Boadilla del Monte – El Álamo.

Con este sugerente nombre, no me refiero al fuerte donde , allá por el lejano 1836, se produjo la batalla del mismo nombre entre el ejército mexicano y los texanos de la época, sino al pueblo sito entre las comunidades de Madrid y Castilla la Mancha que, bajo la solana de un julio inclemente, alcancé este sábado en mi habitual salida semanal.

Se trataba de una ruta que, en su parte inicial, es una de mis clásicos. Salida desde Boadilla, llegada a Brunete y, tras atravesar el monte de Sacedón, bajada hasta el  Guadarrama. La novedad, esta vez,  estuvo en que, en lugar de volver atravesando el río por el puente abandonado del tren y tomar el camino de vuelta, decidí alargar un poco más el paseo y recorrer unos kilómetros adicionales empujado por esa curiosidad de nuevas rutas que siempre anda por ahí. Aunque mi intención inicial fue la de llegar a Arroyomolinos, una vez atravesada la autovía A-5 por el puente del Aguijón, el camino, casi sin querer, me fue llevando, en dirección Sur, hasta el Álamo.

El paisaje no era muy alentador: el camino iba dejando a ambos lados huertos, en muchos casos secos y abandonados, alguna hípica, que las más de las veces parecía un desguace por lo destartalado, y algún que otro pinar, más ralo y seco, que los que normalmente atravesamos en nuestros paseos un poco más al norte.

En lo que al ciclismo se refiere, por contra, una ruta estupenda para hacer piernas. Sin subidas ni bajadas dignas de mención, el único inconveniente era el polvo que, levantado por el paso de algún coche, se levantaba formando una nube que se extendía bien alto durante unos largos y molestos minutos.

Una vez alcanzado el Álamo, rellené el bote de agua que ya hacía tiempo que se había agotado, y deshice mis pasos por el mismo camino hasta alcanzar, ahora de vuelta, el puente sobre el Guadarrama. Ya en la otra orilla, la vuelta, con su subida hasta Villaviciosa de Odón, se hizo un poco dura por las quejas de unas piernas que, si bien no se habían sometido a esfuerzos desmesurados, sí que notaban las semanas de inactividad. Nueva parada para rellenar el bote de agua, que parecía menguar a la par que el calor aumentar y vuelta a casa por el camino de Boadilla y la calle Miño de la urbanización el Bosque.

Se echó de menos la compañía. Espero que, para la próxima, se recupere el pelotón por lesiones y actividades varias y yo recupere parte de la forma para no quedar, excesivamente, descolgado ante un pletórico Ángel con el que no me atrevo a salir en solitario.

No es una pringá…..

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Casa Rua – Bocatas de calamares

Fecha: 22 de junio de 2017.

Asistencia: Ninguno de los habituales aparte de uno mismo. Salida con amigos y un nuevo fichaje de 11 años.

Distancia: 51,73 kms.

Meteorología: Ni fío, ni calor. Día primaveral en junio tras ola de calor que nos ha dejado medio muertos en las últimas dos semanas.

Ruta: Boadilla – Plaza Mayor de Madrid

Pues eso, que aunque gastronómicamente hablando, no es comparable con una buena pringá sevillana, tampoco está malo el típico bocata de calamares típico del Madrid antiguo. Así que, como pocas excusas me hacen falta para enfundarme en mi disfraz de ciclista, este sábado me alié con un par de amigos y, buscando una ruta sencillita, nos plantamos en Madrid, como el que no quiere la cosa, para tomarnos el bocata y una coca cola como avituallamiento.

Es cierto que no había grandes ambiciones ciclistas de inicio: no buscábamos grandes desniveles, bajar medias ni mejorar estado sino solo pedalear por el gusto de darnos una vuelta más cuando, al sencillo pelotón que habíamos improvisado, se nos unió el hijo de 11 años de uno de los integrantes y, por no darle un susto al chiquillo, nos decantamos por salida sencillita. Ojo que el peque, a lo tonto, casi aguantó la ruta completa. Abandonó a los 38 kms., ya en la Casa de Campo donde, sabiamente, padre e hijo optaron por subir sus bicis al tren ligero en el que, bien sentaditos y disfrutando del aire acondicionado, cubrieron los últimos kilómetros del recorrido.

Pocas cosas más que destacar para una ruta más pintoresca que otra cosa donde disfrutamos de una Casa de Campo, con el color agostado más propio de finales de verano que de fin de primavera, un paseo por el Madrid Río, tan lleno de gente como siempre, y unos kilómetros por las calles de Madrid con poco tráfico por lo temprano de la hora donde no faltaron las fotos típicas en la Plaza Mayor y en un remodelado Mercado de San Miguel, muy al gusto del tapeo, pero un poco adulterado como concepto.

Seguiré contando la semana que viene.

 

Los Nachos

Salida 170617

Los Nachos

Fecha: 17 de junio de 2017

Asistencia: 3 +1

Distancia: 35,22 kms.

Meteorología: para derretirse de calor a pesar del madrugón.

Ruta: Boadilla – Villanueva de la Cañada

A pesar del sugerente título, no me he pasado a los blogs culinarios , ni voy a dedicar los próximos minutos a destacar las cualidades gastronómicas del popular plato mexicano.  El título hace referencia al reencuentro, después de muchos años, de los dos Ignacios de la foto.  Las sonrisas lo dicen todo. A pesar de que, en el momento de retratarnos, ya estaba cayendo una buena calorina y que nos habíamos hecho algunos kilómetros pedaleando por los alrededores de Boadilla, no se puede esconder el gustazo por volvernos a ver, con más años, más kilos pero igual de amigos.

En lo deportivo, vuelta tranquila con un recorrido de lo más clásico donde, además, recuperamos la parada técnica para tomar el desayuno en la Cañada y, aunque no había huevos rotos ni tortilla, lo que causó cierto desencanto en el pelotón, no hicimos muchos ascos a los cafés y las tostadas.

Como siempre, y a pesar de que la ruta es bien conocida, improvisamos algún camino y añadimos alguna nueva variante. En algunos casos, como la subida de Romanillos, ya no por Romanillos por estar prohibida, sino paralelos a la autovía M-503, el recorrido nos supo algo agridulce. Agrio por no ser no estar a la altura, en espectacularidad, con el camino que atraviesa la finca, pero dulce en tanto en cuanto que la subida se hizo mucho más llevadera al no haber tramos con tanta pendiente como en el camino habitual. Habrá que ir acostumbrándose en cualquier caso a la vista de las últimas decisiones judiciales aunque, como casi todos los ciclistas de la zona, nos mantendremos a la espera de que haya una sentencia definitiva que nos permita seguir disfrutando de los caminos de este maravilloso paraje.

No sé si mi tocayo Nacho se atreverá a repetir, ya que llegó resoplando y recordándome a mis inicios por estos caminos, aunque espero que sí.  Lo mejor de la bici, como siempre he dicho, es el pelotón, la charla y el buen rollo y con buenos amigos todo esto está asegurado.