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El Álamo

Salida 150717

El Álamo

Fecha: 15 de julio de 2017

Asistencia: Salida en solitario.

Distancia: 66,85 kms.

Meteorología: Plena ola de calor veraniega. Me salvo de la quema por mi gusto por el madrugar.

Ruta: Boadilla del Monte – El Álamo.

Con este sugerente nombre, no me refiero al fuerte donde , allá por el lejano 1836, se produjo la batalla del mismo nombre entre el ejército mexicano y los texanos de la época, sino al pueblo sito entre las comunidades de Madrid y Castilla la Mancha que, bajo la solana de un julio inclemente, alcancé este sábado en mi habitual salida semanal.

Se trataba de una ruta que, en su parte inicial, es una de mis clásicos. Salida desde Boadilla, llegada a Brunete y, tras atravesar el monte de Sacedón, bajada hasta el  Guadarrama. La novedad, esta vez,  estuvo en que, en lugar de volver atravesando el río por el puente abandonado del tren y tomar el camino de vuelta, decidí alargar un poco más el paseo y recorrer unos kilómetros adicionales empujado por esa curiosidad de nuevas rutas que siempre anda por ahí. Aunque mi intención inicial fue la de llegar a Arroyomolinos, una vez atravesada la autovía A-5 por el puente del Aguijón, el camino, casi sin querer, me fue llevando, en dirección Sur, hasta el Álamo.

El paisaje no era muy alentador: el camino iba dejando a ambos lados huertos, en muchos casos secos y abandonados, alguna hípica, que las más de las veces parecía un desguace por lo destartalado, y algún que otro pinar, más ralo y seco, que los que normalmente atravesamos en nuestros paseos un poco más al norte.

En lo que al ciclismo se refiere, por contra, una ruta estupenda para hacer piernas. Sin subidas ni bajadas dignas de mención, el único inconveniente era el polvo que, levantado por el paso de algún coche, se levantaba formando una nube que se extendía bien alto durante unos largos y molestos minutos.

Una vez alcanzado el Álamo, rellené el bote de agua que ya hacía tiempo que se había agotado, y deshice mis pasos por el mismo camino hasta alcanzar, ahora de vuelta, el puente sobre el Guadarrama. Ya en la otra orilla, la vuelta, con su subida hasta Villaviciosa de Odón, se hizo un poco dura por las quejas de unas piernas que, si bien no se habían sometido a esfuerzos desmesurados, sí que notaban las semanas de inactividad. Nueva parada para rellenar el bote de agua, que parecía menguar a la par que el calor aumentar y vuelta a casa por el camino de Boadilla y la calle Miño de la urbanización el Bosque.

Se echó de menos la compañía. Espero que, para la próxima, se recupere el pelotón por lesiones y actividades varias y yo recupere parte de la forma para no quedar, excesivamente, descolgado ante un pletórico Ángel con el que no me atrevo a salir en solitario.

No es una pringá…..

Salida 240617

Casa Rua – Bocatas de calamares

Fecha: 22 de junio de 2017.

Asistencia: Ninguno de los habituales aparte de uno mismo. Salida con amigos y un nuevo fichaje de 11 años.

Distancia: 51,73 kms.

Meteorología: Ni fío, ni calor. Día primaveral en junio tras ola de calor que nos ha dejado medio muertos en las últimas dos semanas.

Ruta: Boadilla – Plaza Mayor de Madrid

Pues eso, que aunque gastronómicamente hablando, no es comparable con una buena pringá sevillana, tampoco está malo el típico bocata de calamares típico del Madrid antiguo. Así que, como pocas excusas me hacen falta para enfundarme en mi disfraz de ciclista, este sábado me alié con un par de amigos y, buscando una ruta sencillita, nos plantamos en Madrid, como el que no quiere la cosa, para tomarnos el bocata y una coca cola como avituallamiento.

Es cierto que no había grandes ambiciones ciclistas de inicio: no buscábamos grandes desniveles, bajar medias ni mejorar estado sino solo pedalear por el gusto de darnos una vuelta más cuando, al sencillo pelotón que habíamos improvisado, se nos unió el hijo de 11 años de uno de los integrantes y, por no darle un susto al chiquillo, nos decantamos por salida sencillita. Ojo que el peque, a lo tonto, casi aguantó la ruta completa. Abandonó a los 38 kms., ya en la Casa de Campo donde, sabiamente, padre e hijo optaron por subir sus bicis al tren ligero en el que, bien sentaditos y disfrutando del aire acondicionado, cubrieron los últimos kilómetros del recorrido.

Pocas cosas más que destacar para una ruta más pintoresca que otra cosa donde disfrutamos de una Casa de Campo, con el color agostado más propio de finales de verano que de fin de primavera, un paseo por el Madrid Río, tan lleno de gente como siempre, y unos kilómetros por las calles de Madrid con poco tráfico por lo temprano de la hora donde no faltaron las fotos típicas en la Plaza Mayor y en un remodelado Mercado de San Miguel, muy al gusto del tapeo, pero un poco adulterado como concepto.

Seguiré contando la semana que viene.

 

Los Nachos

Salida 170617

Los Nachos

Fecha: 17 de junio de 2017

Asistencia: 3 +1

Distancia: 35,22 kms.

Meteorología: para derretirse de calor a pesar del madrugón.

Ruta: Boadilla – Villanueva de la Cañada

A pesar del sugerente título, no me he pasado a los blogs culinarios , ni voy a dedicar los próximos minutos a destacar las cualidades gastronómicas del popular plato mexicano.  El título hace referencia al reencuentro, después de muchos años, de los dos Ignacios de la foto.  Las sonrisas lo dicen todo. A pesar de que, en el momento de retratarnos, ya estaba cayendo una buena calorina y que nos habíamos hecho algunos kilómetros pedaleando por los alrededores de Boadilla, no se puede esconder el gustazo por volvernos a ver, con más años, más kilos pero igual de amigos.

En lo deportivo, vuelta tranquila con un recorrido de lo más clásico donde, además, recuperamos la parada técnica para tomar el desayuno en la Cañada y, aunque no había huevos rotos ni tortilla, lo que causó cierto desencanto en el pelotón, no hicimos muchos ascos a los cafés y las tostadas.

Como siempre, y a pesar de que la ruta es bien conocida, improvisamos algún camino y añadimos alguna nueva variante. En algunos casos, como la subida de Romanillos, ya no por Romanillos por estar prohibida, sino paralelos a la autovía M-503, el recorrido nos supo algo agridulce. Agrio por no ser no estar a la altura, en espectacularidad, con el camino que atraviesa la finca, pero dulce en tanto en cuanto que la subida se hizo mucho más llevadera al no haber tramos con tanta pendiente como en el camino habitual. Habrá que ir acostumbrándose en cualquier caso a la vista de las últimas decisiones judiciales aunque, como casi todos los ciclistas de la zona, nos mantendremos a la espera de que haya una sentencia definitiva que nos permita seguir disfrutando de los caminos de este maravilloso paraje.

No sé si mi tocayo Nacho se atreverá a repetir, ya que llegó resoplando y recordándome a mis inicios por estos caminos, aunque espero que sí.  Lo mejor de la bici, como siempre he dicho, es el pelotón, la charla y el buen rollo y con buenos amigos todo esto está asegurado.

 

La inconsciencia

Segovia 280517

Un poco antes de la Fuenfría

Fecha: 27 de mayo de 2017

Asistencia: Servidor en compañía de vecinos, amigos y un club de Boadilla.

Distancia: 9,4 kms + 36,81 kms + 9,4 kms.

Meteorología: Muy buen tiempo. Algo de calor pero no sofocante.

Ruta: Segovía-Cercedilla

Es lo que tiene. Si después de un mes de mayo totalmente aciago, en lo que a pedalear se refiere por culpa de comuniones y eventos familiares, a uno se le ocurre terminarlo con salida desafiante, por larga y por tener lo desconocido de su perfil, la cosa no puede ir muy bien. Si, además, se le ocurre unirse a un grupo con el que nunca ha salido y  no hacer ni por mirar el perfil de la ruta antes de comprometerse a salir, se asegura como único resultado el desastre más absoluto, como finalmente ocurrió, con humillante abandono y conversión final de feliz ciclista en piltrafa humana en los escasos 40 kilómetros de la ruta.

Por hacer un poco de  historia, todo empezó cuando, hace ya una semana, me propusieron una ruta entre Segovia-Boadilla por el puerto de la Fuenfría. Mis compañeros de correrías siempre me habían dicho que, en este sentido y por este puerto, el esfuerzo era menor, lo que no supe medir bien era que, a pesar de ser menor, seguía siendo una hombrada para alguien en mis condiciones.

Por eso de la inconsciencia, y un poco nublado por las ganas de hacer algún kilómetro bonito que, aunque no arreglase mis pobres estadísticas del mes de mayo, me hiciera recuperar sensaciones sobre la bici, me lancé y me comprometí.  Sin más reflexiones, el sábado por la mañana, quedé con un par de vecinos y tras unos 9 kilómetros y medio de bajada a través de la urbanización Las Lomas y atravesando El Carralero, nos plantamos en la estación de cercanías de Majadahonda para empezar nuestra aventura.

Tras parada en Cercedilla donde cambiamos de tren en un trasbordo de infarto en el que, entre bajada de un tren y subida en el otro, no tardamos más de ocho minutos, nos plantamos, a eso de las 10:30h en Segovia con muchas ganas un grupo de 17 ciclistas.

A pesar de alguna tentación de pasarnos por el acueducto a hacernos la foto de rigor, desistimos por no alargar más la jornada y dejando la ciudad por la academia de artillería del ejército de tierra, empezamos nuestra travesía.

 

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En la estación de Segovia

Siempre he pensado que, son mejores las rutas donde lo duro está al principio y, una vez alcanzado algún hito importante, el resto puede ser un paseo. Esta ruta, a priori, cumplía con este enfoque, lo malo era que, el “hito” en cuestión, era la subida, en frío, a la Fuenfría: 20 kilómetros de rampas que, por el camino elegido, incluía desniveles de más del 12% al poco de empezar. No ocultaré que parte de la subida la hice a pié empujando la bici y agradeciendo a algún alma caritativa su acompañamiento moral bien dándome su rueda para subir o con palabras de ánimo. A los 10 kilómetros de la salida estaba exhausto. No sé cómo pero, tras un par de horas de sufrimiento y completamente agotado, conseguí coronar el puerto. Eso sí, me había acabado el agua que llevaba y las barritas energéticas hacía tiempo que mi cuerpo las había absorbido.

Por fin, pensaba, empezaba la cuesta abajo y el disfrutar. Pero, como dice el refrán, poco dura la alegría en el casa del pobre y tras una primera rampas de bajada a toda velocidad (creo que fue los únicos metros en los que lideré el pelotón) alguien decidió que, para acortar, nos tirábamos campo a través abandonando las pistas. Ni qué decir tiene que, el atajo, era un total pedregal donde estuvo la bici más tiempo encima de mi hombro que yo encima de ella. Si ya estaba cansado de subir, al poco estaba reventado de bajar, lo que nunca.

A esas horas, mis piernas hacía ya tiempo que me avisaban de que no daban más de sí por lo que, llegados a Cercedilla y ya empezando el camino hacia Navacerrada, no me lo pensé dos veces y, tras despedirme, me dí media vuelta y me tiré en busca de la estación de cercanías. Ni en mis mejores sueños, o peores pesadillas, quería pensar en los 50 kilómetros que aún nos faltaban para llegar a Boadilla.

Confieso que, tras la decisión, disfruté de lo que fue el mejor momento de la salida, ese instante en el que, parado en un bar, me tomé una coca-cola y medio litro de agua sentado a la sombra.

La historia da para poco más. Tras una hora en tren y recorriendo los 9 kilómetros y medio desde la estación de Majadahonda hasta casa con un dolor de culo como pocas veces he tenido, llegué a casa, me duché y me derrumbé en  el sofá.  El resto del pelotón, según me contaron luego, llegó hasta Torrelodones y también optó por vuelta a casa en tren.

Lecciones aprendidas….muchas: ojo con los desafíos, necesidad de ponerme en forma urgentemente y confirmación de que una de las mejores decisiones que he tomado esta temporada es la de no apuntarme a la Madrid-Segovia. No estoy todavía a la altura, aunque eso sí, nada de abandonar. A seguir con más ánimo y a dedicar más tiempo a la bici, sea como sea. Esta ruta me la apunto en el debe y, más pronto que tarde, la apuntaré entre mis logros.

¿Adiós Romanillos?

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El pelotón en Valmayor

Fechas: 18 y 20 de marzo

Asistencia: 5 el primer día y otros tantos, en dos grupos, el lunes 20.

Distancias: 63,34 kms y 41,2 kms.

Meteorología: Primavera calurosa. Hemos pasado del invierno al verano casi sin transición.

Rutas: Vuelta a Valmayor y Boadilla-Colmenarejo.

Ciento y pico de kilómetros en un fin de semana largo gracias a que el Día del Padre se pasó del domingo 19 al lunes 20. ¡¡Buen balance!!.

Los días no han podido ser mejores, el pelotón siempre nutrido, activo y divertido y las rutas, a pesar de ser ya viejas conocidas de nuestro catálogo de paseos, se han disfrutado al máximo. ¡¿Qué más se puede pedir?!.

El sábado nos marcamos una salida de las de hacer piernas con un recorrido difícil, más por la distancia  que por el desnivel que, aún habiéndolo, no era especialmente marcado. Aún nos queda para estar en el nivel necesario para la Madrid-Segovia, pero intentarlo nadie puede dudar que lo estamos intentando.

Salida desde Boadilla, como ya es habitual, con dirección al Pardillo. Subida a Colmenarejo y desde ahí, bajada al pantano de Valmayor. Vuelta al pantano, con tintes de aventura en algunos momentos por tener que atravesar, llevando nuestras bicis en volandas, improvisados pasos de piedras y troncos el torrente y paisajes y mucho pedaleo por dehesas, ermitas y urbanizaciones.

Desgraciadamente, la pereza de los meses de enero y febrero, se hicieron notar y, ya en Villafranca del Castillo, se me agarrotan las piernas y no nos queda más remedio que parar a tomar azúcar en formato Coca-Cola. Nadie se quejó por la parada inesperada por lo que mis remordimientos, sólo quedaron circunscritos al paso, realmente lento, que impuse al que todos en la subida desde el río Guadarrama a Boadilla.

El lunes, el pelotón se escindió en dos, con los más en forma partiendo destino al Escorial y los lesionados  conformándose con algo menos desafiante: ida y vuelta a Colmenarejo con unos 41 kilómetros de buen ritmo. Subida desde el aeródromo a Colmenarejo de charleta y una media decente completada con una bajada por la urbanización Las Cuestas a tumba abierta que, por momentos, no nos hizo envidiar a ningún piloto de motos de carrera.

Desgraciadamente, el día acabó con una noticia triste: tras coronar Romanillos, nos detuvo un guarda de la finca y nos informó que, como consecuencia de una sentencia recientemente dictada por un tribunal, la finca Romanillos va a ser vallada en su totalidad y prohibido el paso por todos sus caminos. Después de cuatro años disfrutando de este maravilloso terreno, de sus paisajes y caminos, se va a hacer duro no poder seguir disfrutándolo.

No somos pocos los que pensamos que se debería llegar a algún acuerdo con los propietarios para compatibilizar la propiedad privada con el disfrute de, al menos, algunos de los caminos que lo atraviesan. Intentaremos presionar para ello por mucho que, en el corto plazo, no nos quede más remedio que sentirnos un poco huérfanos. Espero que sea un hasta pronto más que un adiós definitivo.

 

Entrenando para la Madrid-Segovia

Salida El Pardo

En la presa del Pardo

Fechas: 4 y 11 de marzo de 2017

Asistencia: Multitud el primer día y sólo 3 el segundo.

Distancias: 72,86 y 53,23 kms.

Meteorología: de escándalo. Plena primavera adelantada.

Rutas: Boadilla – El Pardo y Boadilla – Las Matas por El Gasco.

Pues algunos sí que nos hemos tomado en serio lo de entrenar para intentar completar con un poco de dignidad la Madrid-Cercedilla – Segovia 2017 del 3 de junio. Y mira que, aún, no me he apuntado porque sigo con dudas de que pueda llegar mínimamente en forma.

Para ponernos en forma, hemos recuperado algunos de nuestros recorridos más trotadores para hacer piernas. Una ida y vuelta al pantano del Pardo y una vuelta por Las Matas que sumas más de 120 kilómetros de pedaleo. Cierto es que desnivel no había mucho, pero todo se pedaleará.

Vamos a intentar ir subiendo la dificultad de las rutas y, a ser posible, ir preparando la prueba haciendo, cada fin de semana, alguno de los tramos o, en su defecto, rutas largas como la vuelta a Valmayor o ida y vuelta al Escorial. Tocará madrugar y sufrir, pero nada hay gratis y el desafío es importante.

De momento las sensaciones son buenas, aunque se noten los meses de invierno donde, las evidencias lo delatan, el ritmo ha caído en picado. Las piernas van respondiendo.  Veamos hasta donde llegamos.

Iré contando….

Por fin multitud

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Degustando el pincho en el Pardillo

Fecha: 25 de febrero de 2017

Asistencia: 5 de los ex-habituales.

Distancia: 45,39 kms

Meteorología: Día casi de primavera con el sol luciendo y fresco, pero no demasiado.

Ruta: Circular Boadilla – Villafranca del Castillo

Ya se echaba de menos una salida como ésta en la que la principal motivación no eran los kilómetros, las medias o los desniveles acumulados sino el quedar y, con la excusa de montarnos en la bici, meternos un señor desayuno entre pecho y espada.

Cierto es que nunca los rigores del invierno nos había amedrantado y siempre habíamos conseguido salir todos, o casi todos, los sábados y hacernos nuestros cuarenta, cincuenta o sesenta kilómetros de rigor, pero, y quizás es que nos vamos haciendo mayores, este mes de enero y, sobre todo el de febrero, han sido de lo más raquíticos. Escasamente sumo unos tristes 175 kms en total a lo largo de los dos meses cuando, en tiempos no tan remotos, es lo que me hacía en un mes de lo más habitual. Tendremos que retomar impulso y buscar nuevas metas para no perder estos estupendos momentos.

Quizás porque todos pensemos lo mismo, se ha puesto encima de la mesa el reto de hacernos la MTB Madrid-Segovia 2017. Todo un reto teniendo en cuenta nuestro estado de forma y que los 117 kms de la prueba parecen cualquier cosa menos sencillitos. Ya me he apuntado, como gran parte del pelotón, pero me marco como meta el intentarlo sin muchas aspiraciones. Me veo parando en alguna etapa intermedia, quizás Cercedilla, para mi primer intento. Mis muchos kilos siguen siendo una mochila de la que está siendo muy difícil deshacerme y no tengo yo muy claro que pueda elevarlos a los mil y muchos metros del Alto del León. Todo se verá de aquí al 3 de junio que tendremos que subirnos a las bicis e intentarlo.

Para la próxima semana, vuelta el pantano de Valmayor. 60 kilómetros de entrenamiento y un buen punto de medida del estado de forma.