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Casi una visita al Zoo

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Con un atrevido gamo

Fecha: 23 de septiembre de 2017

Asistencia: Dos de los habituales.

Distancia: 34,86 kms.

Meteorología: Uno de esos días que no sabes qué ponerte, frío al empezar y calor importante a la vuelta.

Ruta: Desde el Lago de la Casa de Campo a El Pardo.

Fieles a nuestra cita de los sábados por la mañana a pesar de haber trasnochado la víspera, este sábado nos hemos dado un paseo desde la Casa de Campo hasta El Pardo que, por la cantidad de fauna que hemos visto, más parecía una excursión al zoo o una montería que nuestro tradicional encuentro con el pedal.

Cierto es que no íbamos con muchas ganas de ruta heroica esta semana por lo que, habiendo quedado a las 8 de la mañana, los dos supervivientes del pelotón nos miramos a los ojos en el momento de empezar, y haciendo gala de esa complicidad que dan los muchos kilómetros compartidos, decidimos hacer un poco de trampa: subimos las bicis al coche y nos fuimos a la Casa de Campo calentitos y sin mucho esfuerzo quitándonos algunos kilómetros de la ruta original. Una vez allí, pedaleando paralelos al Manzanares por el carril bici, nos plantamos en Puerta de Hierro y, de ahí, seguimos hasta el Escorial por el monte. Atravesamos el pueblo y seguimos hasta el desagüe del pantano por el camino que sigue paralelo a la valla.

Quizás porque el camino era bien conocido y no habíamos visto nunca tanto animal suelto, nos llevamos tanta sorpresa al ver los rebaños de gamos que, imagino que por estar en la época de la ronca, estaban menos atentos a la presencia humana, llegando, como la atrevida hembra de la foto, a dejarse alimentar de nuestras manos directamente. Todo un espectáculo de vida silvestre a escasos kilómetros de la urbe que no deja de impresionar a urbanitas como nosotros y a los muchos paseantes, que imagino conocedores de la actividad de los gamos en estas fechas, se echaron al campo con mochilas y cámaras.

En cuanto a lo ciclista, poco nuevo en esta crónica, más allá de nuestro reencuentro con los torreznos y el pincho de tortilla que, a pesar de los muchos intentos, se nos había resistido más de la cuenta en las anteriores salidas.

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Las tubeless también se pinchan

 

Reparador Mammoth

Lo que me faltó el sábado

Fecha: 26 de agosto de 2017

Asistencia: Salida en solitario.

Distancia: 36,25 kms.

Meteorología: Nublado a pesar de ser aún agosto. Temperaturas de otoño para un final de verano fresquito.

Ruta: Boadilla- Casa de Campo (incompleta)

Pues eso, lo que en sus inicios no iba a ser más que una salida de entrenamiento para ir quitándome las ganas de bici, se convirtió en toda una aventura. Ya debía haberme sospechado algo en el primer momento cuando, al revisar la presión de  los neumáticos,  vi un poco baja la rueda trasera. Tampoco le dí mucha importancia: después de dos semanas de no haber tocado la bicicleta por vacaciones, tampoco me sorprendía que hubiera bajado un poco. Confiado como estaba en la infalibilidad de mis tubeless y que la ruta que barruntaba no era especialmente compleja (no presté atención en que, a lo tonto, me alejo ya bastantes kilómetros de casa) tampoco presté mayor importancia al tema y me fui.

Como era de esperar, la falta de actividad y el haber salido la noche antes, hizo que mi cuerpo remoloneara un poco y pendientes que no tienen ya mucha historia me parecieran un poco más complicadas de lo habitual. Como ya dijo alguien, hacerse mayor no se nota tanto en las cosas que ya no puedes hacer, sino en el tiempo que tu cuerpo necesita para recuperarse de los excesos y los veinte años ya quedan muy atrás.

El paseo, que no se puede llamar de otra manera, se desarrolló sin mucha historia. El tiempo acompañaba y, aunque salí más tarde de lo habitual (me puse el despertador bien temprano, pero mis huesos se negaron a despegarse de la cama fácilmente) las nubes que me acompañaron mitigaron el peso de un sol que, normalmente por estas fechas, hubiera sido inclemente.

Los problemas empezaron a la llegada al lago de la Casa de Campo. En un viraje noté que la bici “culeaba” más de la cuenta y vi que andaba un poco baja. Bimba en mano, resuelvo el problema sin más reflexión. A destacar la solidaridad del resto de ciclistas, no pocos se pararon a preguntar si necesitaba una mano en los menos de 10 minutos que me llevó el inflado. Otro punto a favor de este deporte. Desgraciadamente, la rueda se me vuelve a desinflar a los dos kilómetros, por lo que repito operación otras dos veces hasta que, llegado a la urbanización de “La Cabaña” la rueda se niega a mantener un mínimo de presión más allá de 200 metros. Revisándola con un poco de atención veo, y noto, una salida de aire por la que ya no sale el típico líquido sellador de las tubeless.

Asumiendo mi derrota, descuelgo el teléfono y llamo a mi señora, que camisón aún en ristre,  se coge el coche y me recoge.

Es evidente que la magia no existe por lo que, por bueno que sea el equipo, el mantenimiento es esencial. Probablemente el problema se debió a que debía haber cambiado el líquido hace ya algún tiempo, o rellenarlo, que aún no sé lo que hay que hacer en estos casos. Sea como sea, y aunque aprenda de mis errores, ya he visto un producto en Mamoth que va a acabar esta misma tarde en mi mochila. El kit de reparación de tubeless de esta marca.

¡¡Esto no me vuelve a pasar!!.

El Álamo

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El Álamo

Fecha: 15 de julio de 2017

Asistencia: Salida en solitario.

Distancia: 66,85 kms.

Meteorología: Plena ola de calor veraniega. Me salvo de la quema por mi gusto por el madrugar.

Ruta: Boadilla del Monte – El Álamo.

Con este sugerente nombre, no me refiero al fuerte donde , allá por el lejano 1836, se produjo la batalla del mismo nombre entre el ejército mexicano y los texanos de la época, sino al pueblo sito entre las comunidades de Madrid y Castilla la Mancha que, bajo la solana de un julio inclemente, alcancé este sábado en mi habitual salida semanal.

Se trataba de una ruta que, en su parte inicial, es una de mis clásicos. Salida desde Boadilla, llegada a Brunete y, tras atravesar el monte de Sacedón, bajada hasta el  Guadarrama. La novedad, esta vez,  estuvo en que, en lugar de volver atravesando el río por el puente abandonado del tren y tomar el camino de vuelta, decidí alargar un poco más el paseo y recorrer unos kilómetros adicionales empujado por esa curiosidad de nuevas rutas que siempre anda por ahí. Aunque mi intención inicial fue la de llegar a Arroyomolinos, una vez atravesada la autovía A-5 por el puente del Aguijón, el camino, casi sin querer, me fue llevando, en dirección Sur, hasta el Álamo.

El paisaje no era muy alentador: el camino iba dejando a ambos lados huertos, en muchos casos secos y abandonados, alguna hípica, que las más de las veces parecía un desguace por lo destartalado, y algún que otro pinar, más ralo y seco, que los que normalmente atravesamos en nuestros paseos un poco más al norte.

En lo que al ciclismo se refiere, por contra, una ruta estupenda para hacer piernas. Sin subidas ni bajadas dignas de mención, el único inconveniente era el polvo que, levantado por el paso de algún coche, se levantaba formando una nube que se extendía bien alto durante unos largos y molestos minutos.

Una vez alcanzado el Álamo, rellené el bote de agua que ya hacía tiempo que se había agotado, y deshice mis pasos por el mismo camino hasta alcanzar, ahora de vuelta, el puente sobre el Guadarrama. Ya en la otra orilla, la vuelta, con su subida hasta Villaviciosa de Odón, se hizo un poco dura por las quejas de unas piernas que, si bien no se habían sometido a esfuerzos desmesurados, sí que notaban las semanas de inactividad. Nueva parada para rellenar el bote de agua, que parecía menguar a la par que el calor aumentar y vuelta a casa por el camino de Boadilla y la calle Miño de la urbanización el Bosque.

Se echó de menos la compañía. Espero que, para la próxima, se recupere el pelotón por lesiones y actividades varias y yo recupere parte de la forma para no quedar, excesivamente, descolgado ante un pletórico Ángel con el que no me atrevo a salir en solitario.

No es una pringá…..

Salida 240617

Casa Rua – Bocatas de calamares

Fecha: 22 de junio de 2017.

Asistencia: Ninguno de los habituales aparte de uno mismo. Salida con amigos y un nuevo fichaje de 11 años.

Distancia: 51,73 kms.

Meteorología: Ni fío, ni calor. Día primaveral en junio tras ola de calor que nos ha dejado medio muertos en las últimas dos semanas.

Ruta: Boadilla – Plaza Mayor de Madrid

Pues eso, que aunque gastronómicamente hablando, no es comparable con una buena pringá sevillana, tampoco está malo el típico bocata de calamares típico del Madrid antiguo. Así que, como pocas excusas me hacen falta para enfundarme en mi disfraz de ciclista, este sábado me alié con un par de amigos y, buscando una ruta sencillita, nos plantamos en Madrid, como el que no quiere la cosa, para tomarnos el bocata y una coca cola como avituallamiento.

Es cierto que no había grandes ambiciones ciclistas de inicio: no buscábamos grandes desniveles, bajar medias ni mejorar estado sino solo pedalear por el gusto de darnos una vuelta más cuando, al sencillo pelotón que habíamos improvisado, se nos unió el hijo de 11 años de uno de los integrantes y, por no darle un susto al chiquillo, nos decantamos por salida sencillita. Ojo que el peque, a lo tonto, casi aguantó la ruta completa. Abandonó a los 38 kms., ya en la Casa de Campo donde, sabiamente, padre e hijo optaron por subir sus bicis al tren ligero en el que, bien sentaditos y disfrutando del aire acondicionado, cubrieron los últimos kilómetros del recorrido.

Pocas cosas más que destacar para una ruta más pintoresca que otra cosa donde disfrutamos de una Casa de Campo, con el color agostado más propio de finales de verano que de fin de primavera, un paseo por el Madrid Río, tan lleno de gente como siempre, y unos kilómetros por las calles de Madrid con poco tráfico por lo temprano de la hora donde no faltaron las fotos típicas en la Plaza Mayor y en un remodelado Mercado de San Miguel, muy al gusto del tapeo, pero un poco adulterado como concepto.

Seguiré contando la semana que viene.

 

Los Nachos

Salida 170617

Los Nachos

Fecha: 17 de junio de 2017

Asistencia: 3 +1

Distancia: 35,22 kms.

Meteorología: para derretirse de calor a pesar del madrugón.

Ruta: Boadilla – Villanueva de la Cañada

A pesar del sugerente título, no me he pasado a los blogs culinarios , ni voy a dedicar los próximos minutos a destacar las cualidades gastronómicas del popular plato mexicano.  El título hace referencia al reencuentro, después de muchos años, de los dos Ignacios de la foto.  Las sonrisas lo dicen todo. A pesar de que, en el momento de retratarnos, ya estaba cayendo una buena calorina y que nos habíamos hecho algunos kilómetros pedaleando por los alrededores de Boadilla, no se puede esconder el gustazo por volvernos a ver, con más años, más kilos pero igual de amigos.

En lo deportivo, vuelta tranquila con un recorrido de lo más clásico donde, además, recuperamos la parada técnica para tomar el desayuno en la Cañada y, aunque no había huevos rotos ni tortilla, lo que causó cierto desencanto en el pelotón, no hicimos muchos ascos a los cafés y las tostadas.

Como siempre, y a pesar de que la ruta es bien conocida, improvisamos algún camino y añadimos alguna nueva variante. En algunos casos, como la subida de Romanillos, ya no por Romanillos por estar prohibida, sino paralelos a la autovía M-503, el recorrido nos supo algo agridulce. Agrio por no ser no estar a la altura, en espectacularidad, con el camino que atraviesa la finca, pero dulce en tanto en cuanto que la subida se hizo mucho más llevadera al no haber tramos con tanta pendiente como en el camino habitual. Habrá que ir acostumbrándose en cualquier caso a la vista de las últimas decisiones judiciales aunque, como casi todos los ciclistas de la zona, nos mantendremos a la espera de que haya una sentencia definitiva que nos permita seguir disfrutando de los caminos de este maravilloso paraje.

No sé si mi tocayo Nacho se atreverá a repetir, ya que llegó resoplando y recordándome a mis inicios por estos caminos, aunque espero que sí.  Lo mejor de la bici, como siempre he dicho, es el pelotón, la charla y el buen rollo y con buenos amigos todo esto está asegurado.

 

La inconsciencia

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Un poco antes de la Fuenfría

Fecha: 27 de mayo de 2017

Asistencia: Servidor en compañía de vecinos, amigos y un club de Boadilla.

Distancia: 9,4 kms + 36,81 kms + 9,4 kms.

Meteorología: Muy buen tiempo. Algo de calor pero no sofocante.

Ruta: Segovía-Cercedilla

Es lo que tiene. Si después de un mes de mayo totalmente aciago, en lo que a pedalear se refiere por culpa de comuniones y eventos familiares, a uno se le ocurre terminarlo con salida desafiante, por larga y por tener lo desconocido de su perfil, la cosa no puede ir muy bien. Si, además, se le ocurre unirse a un grupo con el que nunca ha salido y  no hacer ni por mirar el perfil de la ruta antes de comprometerse a salir, se asegura como único resultado el desastre más absoluto, como finalmente ocurrió, con humillante abandono y conversión final de feliz ciclista en piltrafa humana en los escasos 40 kilómetros de la ruta.

Por hacer un poco de  historia, todo empezó cuando, hace ya una semana, me propusieron una ruta entre Segovia-Boadilla por el puerto de la Fuenfría. Mis compañeros de correrías siempre me habían dicho que, en este sentido y por este puerto, el esfuerzo era menor, lo que no supe medir bien era que, a pesar de ser menor, seguía siendo una hombrada para alguien en mis condiciones.

Por eso de la inconsciencia, y un poco nublado por las ganas de hacer algún kilómetro bonito que, aunque no arreglase mis pobres estadísticas del mes de mayo, me hiciera recuperar sensaciones sobre la bici, me lancé y me comprometí.  Sin más reflexiones, el sábado por la mañana, quedé con un par de vecinos y tras unos 9 kilómetros y medio de bajada a través de la urbanización Las Lomas y atravesando El Carralero, nos plantamos en la estación de cercanías de Majadahonda para empezar nuestra aventura.

Tras parada en Cercedilla donde cambiamos de tren en un trasbordo de infarto en el que, entre bajada de un tren y subida en el otro, no tardamos más de ocho minutos, nos plantamos, a eso de las 10:30h en Segovia con muchas ganas un grupo de 17 ciclistas.

A pesar de alguna tentación de pasarnos por el acueducto a hacernos la foto de rigor, desistimos por no alargar más la jornada y dejando la ciudad por la academia de artillería del ejército de tierra, empezamos nuestra travesía.

 

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En la estación de Segovia

Siempre he pensado que, son mejores las rutas donde lo duro está al principio y, una vez alcanzado algún hito importante, el resto puede ser un paseo. Esta ruta, a priori, cumplía con este enfoque, lo malo era que, el “hito” en cuestión, era la subida, en frío, a la Fuenfría: 20 kilómetros de rampas que, por el camino elegido, incluía desniveles de más del 12% al poco de empezar. No ocultaré que parte de la subida la hice a pié empujando la bici y agradeciendo a algún alma caritativa su acompañamiento moral bien dándome su rueda para subir o con palabras de ánimo. A los 10 kilómetros de la salida estaba exhausto. No sé cómo pero, tras un par de horas de sufrimiento y completamente agotado, conseguí coronar el puerto. Eso sí, me había acabado el agua que llevaba y las barritas energéticas hacía tiempo que mi cuerpo las había absorbido.

Por fin, pensaba, empezaba la cuesta abajo y el disfrutar. Pero, como dice el refrán, poco dura la alegría en el casa del pobre y tras una primera rampas de bajada a toda velocidad (creo que fue los únicos metros en los que lideré el pelotón) alguien decidió que, para acortar, nos tirábamos campo a través abandonando las pistas. Ni qué decir tiene que, el atajo, era un total pedregal donde estuvo la bici más tiempo encima de mi hombro que yo encima de ella. Si ya estaba cansado de subir, al poco estaba reventado de bajar, lo que nunca.

A esas horas, mis piernas hacía ya tiempo que me avisaban de que no daban más de sí por lo que, llegados a Cercedilla y ya empezando el camino hacia Navacerrada, no me lo pensé dos veces y, tras despedirme, me dí media vuelta y me tiré en busca de la estación de cercanías. Ni en mis mejores sueños, o peores pesadillas, quería pensar en los 50 kilómetros que aún nos faltaban para llegar a Boadilla.

Confieso que, tras la decisión, disfruté de lo que fue el mejor momento de la salida, ese instante en el que, parado en un bar, me tomé una coca-cola y medio litro de agua sentado a la sombra.

La historia da para poco más. Tras una hora en tren y recorriendo los 9 kilómetros y medio desde la estación de Majadahonda hasta casa con un dolor de culo como pocas veces he tenido, llegué a casa, me duché y me derrumbé en  el sofá.  El resto del pelotón, según me contaron luego, llegó hasta Torrelodones y también optó por vuelta a casa en tren.

Lecciones aprendidas….muchas: ojo con los desafíos, necesidad de ponerme en forma urgentemente y confirmación de que una de las mejores decisiones que he tomado esta temporada es la de no apuntarme a la Madrid-Segovia. No estoy todavía a la altura, aunque eso sí, nada de abandonar. A seguir con más ánimo y a dedicar más tiempo a la bici, sea como sea. Esta ruta me la apunto en el debe y, más pronto que tarde, la apuntaré entre mis logros.

¿Adiós Romanillos?

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El pelotón en Valmayor

Fechas: 18 y 20 de marzo

Asistencia: 5 el primer día y otros tantos, en dos grupos, el lunes 20.

Distancias: 63,34 kms y 41,2 kms.

Meteorología: Primavera calurosa. Hemos pasado del invierno al verano casi sin transición.

Rutas: Vuelta a Valmayor y Boadilla-Colmenarejo.

Ciento y pico de kilómetros en un fin de semana largo gracias a que el Día del Padre se pasó del domingo 19 al lunes 20. ¡¡Buen balance!!.

Los días no han podido ser mejores, el pelotón siempre nutrido, activo y divertido y las rutas, a pesar de ser ya viejas conocidas de nuestro catálogo de paseos, se han disfrutado al máximo. ¡¿Qué más se puede pedir?!.

El sábado nos marcamos una salida de las de hacer piernas con un recorrido difícil, más por la distancia  que por el desnivel que, aún habiéndolo, no era especialmente marcado. Aún nos queda para estar en el nivel necesario para la Madrid-Segovia, pero intentarlo nadie puede dudar que lo estamos intentando.

Salida desde Boadilla, como ya es habitual, con dirección al Pardillo. Subida a Colmenarejo y desde ahí, bajada al pantano de Valmayor. Vuelta al pantano, con tintes de aventura en algunos momentos por tener que atravesar, llevando nuestras bicis en volandas, improvisados pasos de piedras y troncos el torrente y paisajes y mucho pedaleo por dehesas, ermitas y urbanizaciones.

Desgraciadamente, la pereza de los meses de enero y febrero, se hicieron notar y, ya en Villafranca del Castillo, se me agarrotan las piernas y no nos queda más remedio que parar a tomar azúcar en formato Coca-Cola. Nadie se quejó por la parada inesperada por lo que mis remordimientos, sólo quedaron circunscritos al paso, realmente lento, que impuse al que todos en la subida desde el río Guadarrama a Boadilla.

El lunes, el pelotón se escindió en dos, con los más en forma partiendo destino al Escorial y los lesionados  conformándose con algo menos desafiante: ida y vuelta a Colmenarejo con unos 41 kilómetros de buen ritmo. Subida desde el aeródromo a Colmenarejo de charleta y una media decente completada con una bajada por la urbanización Las Cuestas a tumba abierta que, por momentos, no nos hizo envidiar a ningún piloto de motos de carrera.

Desgraciadamente, el día acabó con una noticia triste: tras coronar Romanillos, nos detuvo un guarda de la finca y nos informó que, como consecuencia de una sentencia recientemente dictada por un tribunal, la finca Romanillos va a ser vallada en su totalidad y prohibido el paso por todos sus caminos. Después de cuatro años disfrutando de este maravilloso terreno, de sus paisajes y caminos, se va a hacer duro no poder seguir disfrutándolo.

No somos pocos los que pensamos que se debería llegar a algún acuerdo con los propietarios para compatibilizar la propiedad privada con el disfrute de, al menos, algunos de los caminos que lo atraviesan. Intentaremos presionar para ello por mucho que, en el corto plazo, no nos quede más remedio que sentirnos un poco huérfanos. Espero que sea un hasta pronto más que un adiós definitivo.