Las mismas rutas, nuevos caminos

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Monte de Boadilla 2017

Asistencia: de nuevo, uno solo.

Ruta: Boadilla – Mte. Príncipe- Villafranca del Castillo.

Distancia: 40, 7 kilómetros.

Meteorología: Despidiendo la ola de frío. No tuve temperaturas brutales bajo cero, como se podría esperar en una salida en mitad de la ola de frío más dura que ha castigado el país estos días, pero tampoco pasé de los 6-7º. Eso sí, sol de envidia todo el camino.

Un día más hemos sido víctimas de la desorganización. A pesar de tener toda una semana en la que organizar la salida del sábado, no hay forma. Como buenos españolitos, dejamos siempre lo de organizar para el final y así nos pasó.

Imagino que, como todos, el viernes, viendo el panorama meteorológico, no es que me muriera de ganas por salir el día siguiente a pasar calamidades con la que estaba cayendo, así que, entre que nadie se pronunció en el chat, que tampoco tenía yo muy claro que fuera a salir y que no quería liar a nadie para rajarme en el último momento, dejé cargando mi móvil en el salón y ni me preocupé de echarle un ojo antes de irme a la cama.

Tuvo que ser por eso que dice el refrán de que la cabra siempre tiende al monte, que me levanté temprano y, antes de darme cuenta, ya me había enfundado mi maillot, mi culotte, las zapatillas con las calas y estaba tomando mi café en la cocina listo para lo que viniera. Cuál fue mi sorpresa al revisar el móvil y descubrir que sí había habido mensaje proponiendo salida, pero a las 11 de la noche, y no lo había visto.

Por aquello de seguir con la improvisación, propuse salida espontánea e inmediata pero, como la audiencia dormía, no hubo respuesta y me resigné a dar mi paseo en solitario. Al despertarse el pelotón, no pocos se lamentaron de no haberse venido, o al menos eso decían en el chat, pero ya poco se podía hacer.

Tenía ganas, no lo voy a negar, así que me puse mi disfraz de intrépido y me lancé hacia Monte Príncipe con el reto de buscar nuevos caminos aunque sin alejarme mucho por aquello de la prudencia. La cosa no me salió mal. Aunque los pueblos y los paisajes son los de siempre, innové: crucé la dehesa de Majadahonda que siempre habíamos rodeado pero nunca atravesado, fui desde ahí a Villafranca del Castillo por un camino que nunca había pisado antes pasando por encima de arroyos aprovechando tuberías de agua tubos y, para terminar, subí Romanillos, campo a través, con unos improvisados compañeros que encontré por el camino y que anduvieron perdidos conmigo un buen rato hasta conseguir coronar la finca y adentrarnos en la urbanización de Monte Boadilla.

Innové tanto que, incluso, me dí un señor tortazo. Lo de siempre, caída tonta estando parado de las que, la mayoría de las veces, el más dañado suele ser el orgullo. Esta vez, no sólo el orgullo sino también mi costado izquierdo sufrieron los daños. Aunque, en el momento del golpe, poco sentí, sí que, a lo largo de la tarde del sábado, ante el incremento del dolor y los insistentes consejos de la jefa de que me viera un médico, me decidí a visitar las urgencias del hospital ya bien entrada la noche. Un par de radiografías, ningún hueso roto y un tratamiento a base de paracetamol fueron las consecuencias de la visita.

Próxima semana, más.

 

No se me ha olvidado

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Camino al lado del Guadarrama

Fecha: 07 de enero de 2017

Asistencia: Uno solo.

Ruta: Un ocho perfecto desde Boadilla, hasta Brunete y Vva de la Cañada y vuelta por El Bosque (Villaviciosa de Odón).

Distancia: 41,7 kms

Media: Ni lo sé ni me importa.

Meteorología: Un solazo de los de dar envidia a todos los nórdicos.

¿Quién dijo miedo?. Después de un mes de diciembre de casi total inactividad, sólo rota por una fría salida a la Casa de Campo, este fin de semana no podía dejarlo pasar. Tocaba sí o sí, y mira que ya lo pasamos mal el último día del 2016 por culpa del dichoso termómetro que no subió del grado y medio a lo largo de todo el recorrido.

Cierto es que los avanzados del pelotón se habían organizado para salida épica el día anterior, pero mi estado atlético, lamentable, y mi subconsciente, que ya me veía sufriendo en esas paredes verticales llenas de barro y piedras que tanto gustan, me hicieron desistir de la salida en grupo y, como moderno Don Quijote, me lancé en solitario sobre mi 27,5” a recorrer los campos del oeste madrileño. La verdad es que improvisé. No tenía muy claro donde ir pero tampoco me importaba mucho. Me encaminé a Romanillos donde, ya han vuelto las ovejas y los malcarados mastines que las acompañan, así que, al poco de pasar la verja de entrada a la finca, decidí no pasar por el camino que rodea los corrales de ovejas, desviándome por un camino que, al poco, desapareció bajo las ruedas de mi bici para dejarme en el más puro MTB por mitad del campo. Nada de lo que preocuparse: siempre bajando se llega al Guadarrama, como así ocurrió.

Desde ahí, siguiendo la vereda del río hasta alcanzar la carretera de Brunete, que usé para pasar la entrada de la Raya del Palancar, me dirigí a Brunete por caminos entre sembrados. Bordeando la carretera, enlanzado luego con el carril bici y empleando algún camino que otro llegué a Villanueva del Pardillo. Eché de menos esos desayunos de antaño con el pelotón pero, como había salido tarde, no me entretuve y, paralelo a la verja del campo de golf, me volví hacia el Guadarrama de nuevo. Caminos preciosos y una luz espectacular a la que la foto de este blog no hace justicia me acompañaron gran parte del camino.

Ya de vuelta, y con dirección al Bosque, me pico con un par de chavales y, aunque hago un buen papel (o eso creo) les dejo pasar al llegar a la urbanización. Tradicional subida por la calle Guadalquivir con sus últimos 50 metros de infarto y vuelta a casa por el cerro de los Mosquitos.

Unos 42 kilómetros de disfrute tranquilo con un tiempo de envidia. Próxima salida, espero que con más asistencia ….se echa de menos la charleta y los sube y bajas en pelotón.

La salida más dura

 

 

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Servidor en La Cibeles

Fecha: 26 de noviembre de 2016

 

Asistencia: Sólo 2

Distancia: 0 kms

Ruta: Desde el punto de partida habitual hasta la churrería La Cibeles de Boadilla.

Meteorología: Un día de perros. Lluvia, frío y mucho barro (o eso creemos) en los caminos.

 

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Carlos en La Cibeles

Para qué engañarnos, aunque somos aguerridos ciclistas a los que las inclemencias del tiempo no suelen echarnos para atrás, algún día la debilidad es más fuerte que nuestras ganas de dar un paseo y el sábado pasado fue uno de ellos.

A las 22h del viernes, éramos tres los que, a pesar del parte meteorológico, nos habíamos apuntado pero, nuestro fallón habitual, se nos levantó con dolor en las articulaciones y nos dejó compuestos pero sin masa crítica. A la vista de la situación: Carlos ya estaba de camino desde el lejano Paracuellos , estaba cayendo algo similar a lo que, en su día, debió ser el Diluvio Universal y que tampoco es que estuviéramos especialmente motivado por retos cercanos, los supervivientes a la escabechina de esta convocatoria, vestidos de la guisa que se aprecia en las fotos, nos subimos al coche y, sin siquiera bajar la bici de la baca, nos pegamos una paliza a base de café con leche y unos churros que no se los saltaba un cojo.

El reto fue duro: hay que darse cuenta que a las 9:30h de la mañana ya nos habíamos metido dos desayunos en el cuerpo, uno ligerito en casa para aguantar el paseo, y este otro que, a calórico, pocos consiguen alcanzar.

Tras sacarnos las fotos y poner algunos mensajes chorra en el foro, recogimos nuestros chirimbolos y nos volvimos a casa. Yo aproveché para limpiar la bici, que amontonaba barro desde la salida de la pasada semana, y Carlos aprovechó el tener ya la bici en el coche y un hueco en su agenda con el que no contaba, para llevarla a la tienda y hacerle una revisión.

El fin de semana podría haber acabado de vacío, en lo deportista, si no fuera porque, el domingo por la mañana, mi hija y yo nos apuntamos a la carrera solidaria por Bruno y nos dimos una buena palicilla de 5,2 kilómetros corriendo cuestas por Boadilla. Ella aguantó como una campeona y yo arrastré mis muchos kilos resoplando como un cachalote. Los churros y el poco entrenamiento, para el que no bastan sólo las buenas intenciones, se pagan.

Río Chico de bajada

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A mitad de Madrid al Escorial

Fecha:  15 de octubre de 2016

Asistencia: 4 de los habituales

Distancia: 48, 17 kms

Ruta: Río Chico de bajada

Meteorología: Primer día que uso la manga larga esta temporada. Algo de frío al principio pero temperatura muy agradable a medida que avanzaba la mañana.

Aunque el plan de salida era más ambicioso el día anterior: nos habíamos propuesto dar la vuelta al pantano de Valmayor con salida desde Boadilla, recondujimos el plan inicial a algo más moderado, pero no por ello menos divertido.

Saliendo desde Boadilla, nos dirigimos al río Guadarrama por Romanillos. La bajada se disfrutó como siempre a pesar de los temores de encontrarnos un terreno embarrado. Aunque había llovido el suelo no estaba blando, o no demasiado, y bajamos a buen ritmo. Tras atravesar Villafranca del Castillo y subir hasta Villanueva de la Cañada, nos dirigimos a Colmenarejo por la cuesta del aeródromo.  Los de siempre, al llegar al inicio de la subida, se lanzan a pedalear cuesta arriba como si nada mientras que los más flojos, sufriendo como ya es tradición, subimos como podemos. A pesar de que la forma no es la que era antes del verano, tampoco debemos estar tan mal cuando, incluso, llegamos a adelantar a otros sufridores que también se estaban dejando el bofe a base de golpes de riñón.

Ya, en el alto, donde tomamos la foto, las barritas energéticas y geles paramos y comentamos con otros sufridos madrugadores ciclistas. De ahí, nos vamos a Colmenarejo donde, sin llegar a adentrarnos en el pueblo, tomamos un camino de bajada por Río Chico que, sabiendo lo que cuesta subirlo, bajamos a todo lo que daban nuestras bicis y disfrutando a todo trapo.

Poco más quedaba salvo la parada en Villanueva del Pardillo que, en plenas fiestas, nos acogió con un más que sabroso pincho de tortilla, coca colas, tostadas y cafés antes de volver, vía nuestra bien conocida subida por Romanillos.

La dura vuelta al cole

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Cruzando el Guadarrama

Fecha: 3 de septiembre de 2016

Asistencia: Sólo tres.

Distancia:  55,07

Ruta: Bajada al puente de hierro

Meteorología: Calor, como no puede ser de otra manera.

A pesar de las buenas intenciones con las que empecé mis vacaciones, no pude hacer más allá de unos escasos 50 kilómetros en total por culpa de las lesiones. La forma se fue tan pronto como los kilos que había perdido, volvieron ….algo debieron ayudar las cervezas y los fritos del chiringuito, pero de eso, no toca hablar ni aquí ni ahora. Me barruntaba una vuelta difícil al cole cuando cargaba cachivaches y familia en el coche para volver a la rutina.

Ya ,de vuelta en Boadilla, con muchas ganas de recuperar las rutas que tanto hemos disfrutado en los últimos años, no pude resistir la tentación de volver a enfundarme mi apretadas prendas de ciclista y volver a desafiarme con las bien conocidas rutas de encinas y polvo que me han visto arrastrarme a lo largo de los últimos años.

Así que, sin mucha dilación, y con toda la disposición e ilusión del mundo, empecé con el ritual de mensaje arriba y abajo del grupo de Whatsapp para ver quién iba a lanzarse al monte pero, para mi sorpresa, comprobé que el grupo no andaba con muchas ganas. Unos pensando en retos de mayor calado de los que, por mi forma, no me veía, y otros por razones de diversa índole y naturaleza, al final sólo conseguí enredar al de siempre, Santonja, y a San Pío, que, por esta vez, dejó aparcados sus grandes rutas y se avino a dar una vuelta tranquila con nosotros.

Sufrí, esa es la verdad. Aunque mantuve el tipo con cierta dignidad durante los primeros kilómetros de llaneo desde Boadilla a Brunete y por el Monte del Sacedón, las subidas del final, por orden, la subida del Guadarrama hasta los alrededores de Villavicioas de Odón, la subida, de  nuevo, desde el Guadarrama a la carretera de los Pantanos y, por último, la subida por la calles Tajo y Miño de la urbanización del Bosque acabaron conmigo. No lo oculto: completé los últimos kilómetros totalmente deshidratado, ya apretaba el calor con ganas, y casi exhausto. La temporada va a ser dura si no consigo volver a coger un poco de forma.

Como anécdota de la salida, el aguerrido Santonja se tomó como desafío personal el cruzar el río Guadarrama sin bajarse de la bici. Casi lo consigue. Un par de piedras en el lecho se lo impidieron e hicieron que sus botas se convirtieran en improvisados acuarios que no se secaron, a pesar de las altas temperaturas que sufrimos a la vuelta, hasta después de llegar de vuelta a casa.

En fin, a seguir: el ánimo no falta y ya se barrunta algún que otro desafío interesante para la temporada que viene….alguien habló de la Madrid – Lisboa….Ya veremos.

Cambiando montaña por marisma

Monte Sacedón

Por el Monte Sacedón

Fecha: 23 y 30 de julio

Asistencia: Cuatro la primera y tres la segunda.

Distancias: 55,31 kms la subida a La Morcuera y 47,28 kms la vuelta por el Monte Sacedón.

Rutas: Subida al puerto de La Morcuera y Boadilla-Parque Coimbra

Meteorología: Un calor mortal. Menos mal que, en verano, adelantamos las salidas a las 7 de la mañana y cambiamos sueño por algo de frescor.

Pues ya va tocando cambiar el calor mesetario por la playa y el tragar polvo por caminos llenos de arenilla por los pinares de las marismas onubenses.

Como todos los años, toca aparcar la Merida en el garaje y rescatar las antiguallas paternas para darles un poco de movimiento en esa segunda juventud que, desde que conseguí liar a mi 51% para pedalear por la playa, están inmersas las bicicletas de los años mozos de mis señores padres durante los últimos días de agosto.

No se ha dado mal el cierre de temporada con una excursión a Lozoya. Atreviéndome, con más miedo que vergüenza, a codearme con la parte más en forma del equipo nos dimos un madrugón importante y, tras montar las bicis en los coches, nos dirigimos a Lozoya. El día, a diferencia de la vez anterior, allá por primeros de noviembre del 2015, no tenía nada que ver. La niebla que tan poco nos dejó disfrutar del paisaje no hizo aparición regalándonos, durante toda la ruta, unas vistas estupendas.

Desde Lozoya  llaneamos hasta Rascafría para empezar la ascensión el puerto de La Morcuera. Nada que ver con la vez anterior. Conseguí subir, sin mayores problemas (en noviembre del año pasado casi me dejo la salud tras desfondarme a media subida), para, tras pasar el refugio de La Morcuera, disfrutar de los 20 kilómetros de bajada hasta Canencia por el otro lado del puerto entre pinares y algún que otro excursionista con  el que nos cruzamos. Ya en el pueblo, y tras ajustar el cambio de alguno que, con tanto salto casi se había desmontado, llaneamos de vuelta al embalse de La Pinilla donde, tras 55 kilómetros de mucha diversión, retomamos fuerza y algo de resuello con un par de cervecitas bien frías.

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Junto al Embalse de Pinilla

El fin de semana siguiente tocó excursión de las clásicas con vuelta por Brunete, río Guadarrama y puente de hierro junto al Parque Coimbra. No por ser un terreno ya bien conocido deja de ser una rutaza impresionante. La mala suerte, y quizás el exceso de confianza, me hicieron perder el equilibrio y casi el móvil por culpa de un surco mal cogido. Nada importante pasó, más allá de algunas magulladuras en la pierna que me hacen recordar los tiempos de infancia cuando las postillas eran el adorno más habitual de mis piernas en verano.

Toca seguir con ganas: el  verano , de seguir así, puede alcanzar un nuevo hito de kilometraje sobre la bici y ayudarme en mi objetivo de incrementar la marca del año pasado. Lástima haber fallado este último fin de semana. Espero poder recuperar pronto, y con más fresquito, en los pinares de Punta Umbría.

Seguiré contando.

Probando cacharritos

 

Garmin

Garmin eTrex 20x

Fecha: 16 de julio de 2016

 

Asistencia: 3 de los de siempre

Distancia: 59,45 kms.

Ruta: Boadilla – Parque Coimbra

Meteorología: Calor, mucho calor.

Pues no es que sea yo un forofo de los cacharritos, pero confieso que esta vez me ha podido la curiosidad. Aprovechando que un compañero de la oficina, también aficionado al pedaleo, tiene uno y que ando con la mosca detrás de la oreja de mejorar mi equipamiento  tecnológico, no le hice ascos a pedir prestado y montar el aparato en el manillar de mi Merida.

Ya desde el principio me pareció un poco armatoste: las dimensiones, sobre todo en lo que a profundidad se refiere, son importantes comparadas con las de cualquier móvil del momento. Confieso que, como la mayor parte de nosotros, no me leí las instrucciones y no me fue sencillo cargar un par de tracks que me descargué de wikiloc de rutas que ya había hecho en el pasado, eso sí, una vez averiguado cómo hacerlo, reconozco que no tiene mayor ciencia el tema.

En lo que robistez se refiere, nada que decir. Tabasco ya me apuntó al verlo que el aparato iba bien “ruggerizado” y que, caso de caernos juntos, era más que probable que él sufriera menos magulladoras que un servidor. Mi curiosidad no me llevó tan lejos como para probar este punto.

Una vez seleccionado el track de la ruta a seguir, el aparato nos ubicó con mucha exactitud mostrándonos nuestra ubicación en el mapa al metro y no sé si más, sin embargo, pronto afloraron los puntos destacados en contra:

  • Los mapas no son muy visibles y, menos aún, el track de la ruta a seguir que se superpone sobre ellos que no se distingue claramente de las marcas de carreteras.  Ya no sólo es un problema de tamaño de la pantalla, que no es muy grande, sino que, y esto es la clave, que el efecto combinado del sol cayendo de plano sobre el aparato y las gafas de sol hacen que todas las líneas parezcan grises e indistinguibles entre ellas.
  • El aparato, ya en ruta, resultó ser de difícil manejo. A poco que se esté por un camino con baches, y no tengas claro por donde andas, toca elegir entre subir la resolución del mapa o acabar estampado contra algún árbol de la cuneta.
  • Por falta de conocimiento, ya que esto no se lo puedo achacar al equipo sino a mi pereza a la hora de leerme mínimamente las instrucciones, a pesar de ir sobre la ruta pre-establecida, el desvío del trayecto oscilaba entre los 11 m y los más de 10kms en algunos puntos del camino.No acabé de entender dónde estaba el problema pero de poca utilidad me fue.

Seguro que, con un poco de paciencia, leyendo las instrucciones y dándole alguna oportunidad más podríamos haber sido buenos amigos pero, los casi 150€ que cuesta y la triste experiencia de la primera impresión no me hacen presagiar el inicio de una larga relación. De momento ya lo he devuelto a su propietario.