Entrenando para la Madrid-Segovia

Salida El Pardo

En la presa del Pardo

Fechas: 4 y 11 de marzo de 2017

Asistencia: Multitud el primer día y sólo 3 el segundo.

Distancias: 72,86 y 53,23 kms.

Meteorología: de escándalo. Plena primavera adelantada.

Rutas: Boadilla – El Pardo y Boadilla – Las Matas por El Gasco.

Pues algunos sí que nos hemos tomado en serio lo de entrenar para intentar completar con un poco de dignidad la Madrid-Cercedilla – Segovia 2017 del 3 de junio. Y mira que, aún, no me he apuntado porque sigo con dudas de que pueda llegar mínimamente en forma.

Para ponernos en forma, hemos recuperado algunos de nuestros recorridos más trotadores para hacer piernas. Una ida y vuelta al pantano del Pardo y una vuelta por Las Matas que sumas más de 120 kilómetros de pedaleo. Cierto es que desnivel no había mucho, pero todo se pedaleará.

Vamos a intentar ir subiendo la dificultad de las rutas y, a ser posible, ir preparando la prueba haciendo, cada fin de semana, alguno de los tramos o, en su defecto, rutas largas como la vuelta a Valmayor o ida y vuelta al Escorial. Tocará madrugar y sufrir, pero nada hay gratis y el desafío es importante.

De momento las sensaciones son buenas, aunque se noten los meses de invierno donde, las evidencias lo delatan, el ritmo ha caído en picado. Las piernas van respondiendo.  Veamos hasta donde llegamos.

Iré contando….

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Por fin multitud

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Degustando el pincho en el Pardillo

Fecha: 25 de febrero de 2017

Asistencia: 5 de los ex-habituales.

Distancia: 45,39 kms

Meteorología: Día casi de primavera con el sol luciendo y fresco, pero no demasiado.

Ruta: Circular Boadilla – Villafranca del Castillo

Ya se echaba de menos una salida como ésta en la que la principal motivación no eran los kilómetros, las medias o los desniveles acumulados sino el quedar y, con la excusa de montarnos en la bici, meternos un señor desayuno entre pecho y espada.

Cierto es que nunca los rigores del invierno nos había amedrantado y siempre habíamos conseguido salir todos, o casi todos, los sábados y hacernos nuestros cuarenta, cincuenta o sesenta kilómetros de rigor, pero, y quizás es que nos vamos haciendo mayores, este mes de enero y, sobre todo el de febrero, han sido de lo más raquíticos. Escasamente sumo unos tristes 175 kms en total a lo largo de los dos meses cuando, en tiempos no tan remotos, es lo que me hacía en un mes de lo más habitual. Tendremos que retomar impulso y buscar nuevas metas para no perder estos estupendos momentos.

Quizás porque todos pensemos lo mismo, se ha puesto encima de la mesa el reto de hacernos la MTB Madrid-Segovia 2017. Todo un reto teniendo en cuenta nuestro estado de forma y que los 117 kms de la prueba parecen cualquier cosa menos sencillitos. Ya me he apuntado, como gran parte del pelotón, pero me marco como meta el intentarlo sin muchas aspiraciones. Me veo parando en alguna etapa intermedia, quizás Cercedilla, para mi primer intento. Mis muchos kilos siguen siendo una mochila de la que está siendo muy difícil deshacerme y no tengo yo muy claro que pueda elevarlos a los mil y muchos metros del Alto del León. Todo se verá de aquí al 3 de junio que tendremos que subirnos a las bicis e intentarlo.

Para la próxima semana, vuelta el pantano de Valmayor. 60 kilómetros de entrenamiento y un buen punto de medida del estado de forma.

 

 

Las mismas rutas, nuevos caminos

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Monte de Boadilla 2017

Asistencia: de nuevo, uno solo.

Ruta: Boadilla – Mte. Príncipe- Villafranca del Castillo.

Distancia: 40, 7 kilómetros.

Meteorología: Despidiendo la ola de frío. No tuve temperaturas brutales bajo cero, como se podría esperar en una salida en mitad de la ola de frío más dura que ha castigado el país estos días, pero tampoco pasé de los 6-7º. Eso sí, sol de envidia todo el camino.

Un día más hemos sido víctimas de la desorganización. A pesar de tener toda una semana en la que organizar la salida del sábado, no hay forma. Como buenos españolitos, dejamos siempre lo de organizar para el final y así nos pasó.

Imagino que, como todos, el viernes, viendo el panorama meteorológico, no es que me muriera de ganas por salir el día siguiente a pasar calamidades con la que estaba cayendo, así que, entre que nadie se pronunció en el chat, que tampoco tenía yo muy claro que fuera a salir y que no quería liar a nadie para rajarme en el último momento, dejé cargando mi móvil en el salón y ni me preocupé de echarle un ojo antes de irme a la cama.

Tuvo que ser por eso que dice el refrán de que la cabra siempre tiende al monte, que me levanté temprano y, antes de darme cuenta, ya me había enfundado mi maillot, mi culotte, las zapatillas con las calas y estaba tomando mi café en la cocina listo para lo que viniera. Cuál fue mi sorpresa al revisar el móvil y descubrir que sí había habido mensaje proponiendo salida, pero a las 11 de la noche, y no lo había visto.

Por aquello de seguir con la improvisación, propuse salida espontánea e inmediata pero, como la audiencia dormía, no hubo respuesta y me resigné a dar mi paseo en solitario. Al despertarse el pelotón, no pocos se lamentaron de no haberse venido, o al menos eso decían en el chat, pero ya poco se podía hacer.

Tenía ganas, no lo voy a negar, así que me puse mi disfraz de intrépido y me lancé hacia Monte Príncipe con el reto de buscar nuevos caminos aunque sin alejarme mucho por aquello de la prudencia. La cosa no me salió mal. Aunque los pueblos y los paisajes son los de siempre, innové: crucé la dehesa de Majadahonda que siempre habíamos rodeado pero nunca atravesado, fui desde ahí a Villafranca del Castillo por un camino que nunca había pisado antes pasando por encima de arroyos aprovechando tuberías de agua tubos y, para terminar, subí Romanillos, campo a través, con unos improvisados compañeros que encontré por el camino y que anduvieron perdidos conmigo un buen rato hasta conseguir coronar la finca y adentrarnos en la urbanización de Monte Boadilla.

Innové tanto que, incluso, me dí un señor tortazo. Lo de siempre, caída tonta estando parado de las que, la mayoría de las veces, el más dañado suele ser el orgullo. Esta vez, no sólo el orgullo sino también mi costado izquierdo sufrieron los daños. Aunque, en el momento del golpe, poco sentí, sí que, a lo largo de la tarde del sábado, ante el incremento del dolor y los insistentes consejos de la jefa de que me viera un médico, me decidí a visitar las urgencias del hospital ya bien entrada la noche. Un par de radiografías, ningún hueso roto y un tratamiento a base de paracetamol fueron las consecuencias de la visita.

Próxima semana, más.

 

No se me ha olvidado

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Camino al lado del Guadarrama

Fecha: 07 de enero de 2017

Asistencia: Uno solo.

Ruta: Un ocho perfecto desde Boadilla, hasta Brunete y Vva de la Cañada y vuelta por El Bosque (Villaviciosa de Odón).

Distancia: 41,7 kms

Media: Ni lo sé ni me importa.

Meteorología: Un solazo de los de dar envidia a todos los nórdicos.

¿Quién dijo miedo?. Después de un mes de diciembre de casi total inactividad, sólo rota por una fría salida a la Casa de Campo, este fin de semana no podía dejarlo pasar. Tocaba sí o sí, y mira que ya lo pasamos mal el último día del 2016 por culpa del dichoso termómetro que no subió del grado y medio a lo largo de todo el recorrido.

Cierto es que los avanzados del pelotón se habían organizado para salida épica el día anterior, pero mi estado atlético, lamentable, y mi subconsciente, que ya me veía sufriendo en esas paredes verticales llenas de barro y piedras que tanto gustan, me hicieron desistir de la salida en grupo y, como moderno Don Quijote, me lancé en solitario sobre mi 27,5” a recorrer los campos del oeste madrileño. La verdad es que improvisé. No tenía muy claro donde ir pero tampoco me importaba mucho. Me encaminé a Romanillos donde, ya han vuelto las ovejas y los malcarados mastines que las acompañan, así que, al poco de pasar la verja de entrada a la finca, decidí no pasar por el camino que rodea los corrales de ovejas, desviándome por un camino que, al poco, desapareció bajo las ruedas de mi bici para dejarme en el más puro MTB por mitad del campo. Nada de lo que preocuparse: siempre bajando se llega al Guadarrama, como así ocurrió.

Desde ahí, siguiendo la vereda del río hasta alcanzar la carretera de Brunete, que usé para pasar la entrada de la Raya del Palancar, me dirigí a Brunete por caminos entre sembrados. Bordeando la carretera, enlanzado luego con el carril bici y empleando algún camino que otro llegué a Villanueva del Pardillo. Eché de menos esos desayunos de antaño con el pelotón pero, como había salido tarde, no me entretuve y, paralelo a la verja del campo de golf, me volví hacia el Guadarrama de nuevo. Caminos preciosos y una luz espectacular a la que la foto de este blog no hace justicia me acompañaron gran parte del camino.

Ya de vuelta, y con dirección al Bosque, me pico con un par de chavales y, aunque hago un buen papel (o eso creo) les dejo pasar al llegar a la urbanización. Tradicional subida por la calle Guadalquivir con sus últimos 50 metros de infarto y vuelta a casa por el cerro de los Mosquitos.

Unos 42 kilómetros de disfrute tranquilo con un tiempo de envidia. Próxima salida, espero que con más asistencia ….se echa de menos la charleta y los sube y bajas en pelotón.

La salida más dura

 

 

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Servidor en La Cibeles

Fecha: 26 de noviembre de 2016

 

Asistencia: Sólo 2

Distancia: 0 kms

Ruta: Desde el punto de partida habitual hasta la churrería La Cibeles de Boadilla.

Meteorología: Un día de perros. Lluvia, frío y mucho barro (o eso creemos) en los caminos.

 

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Carlos en La Cibeles

Para qué engañarnos, aunque somos aguerridos ciclistas a los que las inclemencias del tiempo no suelen echarnos para atrás, algún día la debilidad es más fuerte que nuestras ganas de dar un paseo y el sábado pasado fue uno de ellos.

A las 22h del viernes, éramos tres los que, a pesar del parte meteorológico, nos habíamos apuntado pero, nuestro fallón habitual, se nos levantó con dolor en las articulaciones y nos dejó compuestos pero sin masa crítica. A la vista de la situación: Carlos ya estaba de camino desde el lejano Paracuellos , estaba cayendo algo similar a lo que, en su día, debió ser el Diluvio Universal y que tampoco es que estuviéramos especialmente motivado por retos cercanos, los supervivientes a la escabechina de esta convocatoria, vestidos de la guisa que se aprecia en las fotos, nos subimos al coche y, sin siquiera bajar la bici de la baca, nos pegamos una paliza a base de café con leche y unos churros que no se los saltaba un cojo.

El reto fue duro: hay que darse cuenta que a las 9:30h de la mañana ya nos habíamos metido dos desayunos en el cuerpo, uno ligerito en casa para aguantar el paseo, y este otro que, a calórico, pocos consiguen alcanzar.

Tras sacarnos las fotos y poner algunos mensajes chorra en el foro, recogimos nuestros chirimbolos y nos volvimos a casa. Yo aproveché para limpiar la bici, que amontonaba barro desde la salida de la pasada semana, y Carlos aprovechó el tener ya la bici en el coche y un hueco en su agenda con el que no contaba, para llevarla a la tienda y hacerle una revisión.

El fin de semana podría haber acabado de vacío, en lo deportista, si no fuera porque, el domingo por la mañana, mi hija y yo nos apuntamos a la carrera solidaria por Bruno y nos dimos una buena palicilla de 5,2 kilómetros corriendo cuestas por Boadilla. Ella aguantó como una campeona y yo arrastré mis muchos kilos resoplando como un cachalote. Los churros y el poco entrenamiento, para el que no bastan sólo las buenas intenciones, se pagan.

Río Chico de bajada

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A mitad de Madrid al Escorial

Fecha:  15 de octubre de 2016

Asistencia: 4 de los habituales

Distancia: 48, 17 kms

Ruta: Río Chico de bajada

Meteorología: Primer día que uso la manga larga esta temporada. Algo de frío al principio pero temperatura muy agradable a medida que avanzaba la mañana.

Aunque el plan de salida era más ambicioso el día anterior: nos habíamos propuesto dar la vuelta al pantano de Valmayor con salida desde Boadilla, recondujimos el plan inicial a algo más moderado, pero no por ello menos divertido.

Saliendo desde Boadilla, nos dirigimos al río Guadarrama por Romanillos. La bajada se disfrutó como siempre a pesar de los temores de encontrarnos un terreno embarrado. Aunque había llovido el suelo no estaba blando, o no demasiado, y bajamos a buen ritmo. Tras atravesar Villafranca del Castillo y subir hasta Villanueva de la Cañada, nos dirigimos a Colmenarejo por la cuesta del aeródromo.  Los de siempre, al llegar al inicio de la subida, se lanzan a pedalear cuesta arriba como si nada mientras que los más flojos, sufriendo como ya es tradición, subimos como podemos. A pesar de que la forma no es la que era antes del verano, tampoco debemos estar tan mal cuando, incluso, llegamos a adelantar a otros sufridores que también se estaban dejando el bofe a base de golpes de riñón.

Ya, en el alto, donde tomamos la foto, las barritas energéticas y geles paramos y comentamos con otros sufridos madrugadores ciclistas. De ahí, nos vamos a Colmenarejo donde, sin llegar a adentrarnos en el pueblo, tomamos un camino de bajada por Río Chico que, sabiendo lo que cuesta subirlo, bajamos a todo lo que daban nuestras bicis y disfrutando a todo trapo.

Poco más quedaba salvo la parada en Villanueva del Pardillo que, en plenas fiestas, nos acogió con un más que sabroso pincho de tortilla, coca colas, tostadas y cafés antes de volver, vía nuestra bien conocida subida por Romanillos.

La dura vuelta al cole

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Cruzando el Guadarrama

Fecha: 3 de septiembre de 2016

Asistencia: Sólo tres.

Distancia:  55,07

Ruta: Bajada al puente de hierro

Meteorología: Calor, como no puede ser de otra manera.

A pesar de las buenas intenciones con las que empecé mis vacaciones, no pude hacer más allá de unos escasos 50 kilómetros en total por culpa de las lesiones. La forma se fue tan pronto como los kilos que había perdido, volvieron ….algo debieron ayudar las cervezas y los fritos del chiringuito, pero de eso, no toca hablar ni aquí ni ahora. Me barruntaba una vuelta difícil al cole cuando cargaba cachivaches y familia en el coche para volver a la rutina.

Ya ,de vuelta en Boadilla, con muchas ganas de recuperar las rutas que tanto hemos disfrutado en los últimos años, no pude resistir la tentación de volver a enfundarme mi apretadas prendas de ciclista y volver a desafiarme con las bien conocidas rutas de encinas y polvo que me han visto arrastrarme a lo largo de los últimos años.

Así que, sin mucha dilación, y con toda la disposición e ilusión del mundo, empecé con el ritual de mensaje arriba y abajo del grupo de Whatsapp para ver quién iba a lanzarse al monte pero, para mi sorpresa, comprobé que el grupo no andaba con muchas ganas. Unos pensando en retos de mayor calado de los que, por mi forma, no me veía, y otros por razones de diversa índole y naturaleza, al final sólo conseguí enredar al de siempre, Santonja, y a San Pío, que, por esta vez, dejó aparcados sus grandes rutas y se avino a dar una vuelta tranquila con nosotros.

Sufrí, esa es la verdad. Aunque mantuve el tipo con cierta dignidad durante los primeros kilómetros de llaneo desde Boadilla a Brunete y por el Monte del Sacedón, las subidas del final, por orden, la subida del Guadarrama hasta los alrededores de Villavicioas de Odón, la subida, de  nuevo, desde el Guadarrama a la carretera de los Pantanos y, por último, la subida por la calles Tajo y Miño de la urbanización del Bosque acabaron conmigo. No lo oculto: completé los últimos kilómetros totalmente deshidratado, ya apretaba el calor con ganas, y casi exhausto. La temporada va a ser dura si no consigo volver a coger un poco de forma.

Como anécdota de la salida, el aguerrido Santonja se tomó como desafío personal el cruzar el río Guadarrama sin bajarse de la bici. Casi lo consigue. Un par de piedras en el lecho se lo impidieron e hicieron que sus botas se convirtieran en improvisados acuarios que no se secaron, a pesar de las altas temperaturas que sufrimos a la vuelta, hasta después de llegar de vuelta a casa.

En fin, a seguir: el ánimo no falta y ya se barrunta algún que otro desafío interesante para la temporada que viene….alguien habló de la Madrid – Lisboa….Ya veremos.