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¿Adiós Romanillos?

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El pelotón en Valmayor

Fechas: 18 y 20 de marzo

Asistencia: 5 el primer día y otros tantos, en dos grupos, el lunes 20.

Distancias: 63,34 kms y 41,2 kms.

Meteorología: Primavera calurosa. Hemos pasado del invierno al verano casi sin transición.

Rutas: Vuelta a Valmayor y Boadilla-Colmenarejo.

Ciento y pico de kilómetros en un fin de semana largo gracias a que el Día del Padre se pasó del domingo 19 al lunes 20. ¡¡Buen balance!!.

Los días no han podido ser mejores, el pelotón siempre nutrido, activo y divertido y las rutas, a pesar de ser ya viejas conocidas de nuestro catálogo de paseos, se han disfrutado al máximo. ¡¿Qué más se puede pedir?!.

El sábado nos marcamos una salida de las de hacer piernas con un recorrido difícil, más por la distancia  que por el desnivel que, aún habiéndolo, no era especialmente marcado. Aún nos queda para estar en el nivel necesario para la Madrid-Segovia, pero intentarlo nadie puede dudar que lo estamos intentando.

Salida desde Boadilla, como ya es habitual, con dirección al Pardillo. Subida a Colmenarejo y desde ahí, bajada al pantano de Valmayor. Vuelta al pantano, con tintes de aventura en algunos momentos por tener que atravesar, llevando nuestras bicis en volandas, improvisados pasos de piedras y troncos el torrente y paisajes y mucho pedaleo por dehesas, ermitas y urbanizaciones.

Desgraciadamente, la pereza de los meses de enero y febrero, se hicieron notar y, ya en Villafranca del Castillo, se me agarrotan las piernas y no nos queda más remedio que parar a tomar azúcar en formato Coca-Cola. Nadie se quejó por la parada inesperada por lo que mis remordimientos, sólo quedaron circunscritos al paso, realmente lento, que impuse al que todos en la subida desde el río Guadarrama a Boadilla.

El lunes, el pelotón se escindió en dos, con los más en forma partiendo destino al Escorial y los lesionados  conformándose con algo menos desafiante: ida y vuelta a Colmenarejo con unos 41 kilómetros de buen ritmo. Subida desde el aeródromo a Colmenarejo de charleta y una media decente completada con una bajada por la urbanización Las Cuestas a tumba abierta que, por momentos, no nos hizo envidiar a ningún piloto de motos de carrera.

Desgraciadamente, el día acabó con una noticia triste: tras coronar Romanillos, nos detuvo un guarda de la finca y nos informó que, como consecuencia de una sentencia recientemente dictada por un tribunal, la finca Romanillos va a ser vallada en su totalidad y prohibido el paso por todos sus caminos. Después de cuatro años disfrutando de este maravilloso terreno, de sus paisajes y caminos, se va a hacer duro no poder seguir disfrutándolo.

No somos pocos los que pensamos que se debería llegar a algún acuerdo con los propietarios para compatibilizar la propiedad privada con el disfrute de, al menos, algunos de los caminos que lo atraviesan. Intentaremos presionar para ello por mucho que, en el corto plazo, no nos quede más remedio que sentirnos un poco huérfanos. Espero que sea un hasta pronto más que un adiós definitivo.

 

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En casa del herrero cuchara de palo

Seguimiento de la salida a través de FitBit

Seguimiento de la salida a través de FitBit

Fecha: 25 de julio de 2015

Asistencia: 4 de 7

Distancia: 51,83 kms.

Ruta: Boadilla – Las Matas – El Gasco – Boadilla

Temperatura: calor, pero nada comparado con semanas anteriores. Disfrutamos del único respiro entre olas de calor que nos ha dado este mes de julio.

Mucho MTB y bueno este sábado. Ciencuenta kilometritos  como cincuenta soles de paseo con madrugón,  por ruta conocida pero no por ello menos bonita ni meritoria. A destacar el tramo entre Las Matas y la presa del Gasco bordeando, por el norte, la urbanización del Molino de la Hoz: camino estrecho de paso de a uno con peraltes y vegetación bien nutrida que nos dejó brazos y piernas llenos de arañazos. Algo seco pero fresco al estar a cubierto por los árboles la mayor parte del trayecto.

Pocos incidentes dignos de mención, más allá de un pinchazo y la despedida de la bici de Tabasco que, en breve, pasará a manos de su hijo siendo sustituida por una espectacular Merida One-Twenty XT Edition de doble suspensión. Felicidades al orgulloso nuevo propietario.

Ya, tratando de las novedades del día y por aquello de lo que dice el refrán de que en casa del herrero, cuchara de palo hablare de mi última adquisición.

Por mucho que me dedico profesionalmente al tema digital y mis facturas, más mal que bien, me las voy pagando gracias a este mundo tan entretenido, he de reconocer que me cuesta mucho adquirir los gadgets que van apareciendo en el mercado y que, si no fuera por amigos y familiares mucho más digitales, aprovechan cumpleaños y aniversarios para hacerme pasar por el aro, difícilmente descubriría. Así que agradezco a mis amigos su último regalo: el Fitbit ChargeHR. Una pulsera que, también lo confieso, tenía mis dudas de ser capaz de llevar de una forma continua durante más de un rato y que se ha convertido ya en uno de mis juguetes más usados y, porque no decirlo, más útiles en esta crónica tarea mía de intentar, con mediano éxito, ponerme en forma y bajar de peso.

Entre las cosas buenas del juguete, he de reconocer que la facilidad con la que se sincroniza con el móvil y vuelca toda la actividad para después visualizarla en una aplicación es pasmosa. Parezco como un niño con un juguete nuevo viendo, a cada rato, cuantos pasos he dado y cuántas calorías he quemado a cada rato.  Lo malo, por decir algo, es que se ha convertido en adictivo llegando, el día que no completo las metas marcadas, a crearme cierta sensación de fracaso y dedicarme, ante el asombro de mi familia, a subir y bajar escaleras en casa a horas intempestivas para alcanzar los pasos dados, pisos subidos  y calorías quemadas que exige como ofrenda a un mínimo de actividad diaria, lo que, para que engañarnos, no deja de ser parte de la gracia del invento.

Dejo como foto de la crónica el seguimiento del ejercicio que me hizo el cacharrito en la pasada salida. Nada disparatado, sobre todo comparado con el del sábado anterior, que no me atrevo a mostrar para que mi médico no me eche una bien merecida bronca.

El sábado que viene, más.