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Acerca de madbici

Con un sobrepeso que me hace bajar las orejas cada vez que me subo en la báscula, hace ya más unos años me animé, con el padre de una compañera de mi hija, a dar una vuelta por los alrededores de Boadilla en mi veterana BH que, hasta ese momento, había estado dormitando durante más de 8 años en el garaje. Desde entonces, y con disciplina germánica, haga frío o calor, todos los sábados por la mañana me embuto en las poco compasivas prendas de ciclista, que no favorecen en nada mi tipín, y tras el madrugón de rigor, me voy dejando el aliento subiendo cuestas arriba y desmelenándome en las cuestas abajo. Como el número de masoquistas es mayor de lo que sospechaba, el pelotón ha ido progresivamente creciendo hasta contar con los ocho locos que somos con alguna que otra estrella invitada que se nos apunta de vez en cuando. Este blog sólo quiere dejar constancia de nuestras salidas para el escarnio de aquél que, sin nada mejor que hacer, nos preste su tiempo y nos lea. Estas crónicas no tienen ninguna ambición y deben ser entendidas como lo que son: un recordatorio de pasadas hazañas para los miembros del pelotón donde queden reflejadas nuestras pobres mejoras con el paso del tiempo, siempre desde la humildad y sin el menor atisbo de alarde o pretensión.

MTB Madrid – Segovia 2019

 

MTB Madrid Segovia 2019

Llegada a Segovia

Fecha: 1 de junio de 2019

 

Asistencia: 4 de 5. Nos faltó el jabato Santonja.

Ruta: MTB Madrid-Segovia

Distancia: Oficialmente 117 kms, en realidad, un par de ellos menos.

Meteorología: Calor aplastante.

Y ya van dos. Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra y, al igual que en la edición pasada, me prometer de nuevo que no me vuelven a encontrar en otra como ésta. Seguro que mi cerebro, en un par de días, empezará a olvidar lo sufrido y a sublimar lo bueno de esta paliza, pero creo que, a diferencia de lo acontecido el año pasado, espero que mi (escasa) inteligencia me proteja de intentarlo una tercera vez.

¿Qué decir de la prueba?.

Ilusión. Toda la que hemos volcado en los últimos meses entrenando todos los sábados, siguiendo un plan de entrenamiento donde, progresivamente, íbamos subiendo en distancia, desnivel y dificultad, pero siempre disfrutando de esto de la bici.

Emoción. Ese primer momento en la salida con miles de ciclistas listos para empezar un día que, para todos, fue largo. Los AC/DC sonando en la línea de salida, los primeros atascos, ese volar en pelotón bien nutrido hasta Colmenar, ese hormiguero que parecían los dos primeros avituallamientos, esos ánimos que nos deseábamos entre todos…sin hablar de la llegada a Cercedilla primero y a Segovia a media tarde.

Calor. Que sustituyó al barro del año pasado y que fue casi más cruel que él. Ese solazo que, a medida que pasaban las horas, hacía cada pedalada más dura y cada repecho un poco más empinado que el anterior.

Esfuerzo y sufrimiento. El de todos. Desde el primero hasta el último. Desde el que volaba en la bici para llegar a Segovia a subirse al podio como el del último que, como muchos de nosotros, acabó la carrera extenuado, empujando la bici a tramos y deseando llegar al siguiente puesto de avituallamiento para recargar agua y dar cuenta de algo de fruta.

Orgullo. ¿Por qué no decirlo? Por ser capaz de darnos una paliza así y llegar. Por tener una segunda medalla sin valor material pero que cuelga ya en un lugar predominante del salón de como si de una joya se tratase. Ocupando un espacio en casa donde para echarle un ojo cuando flojeemos y creamos que no somos capaces de afrontar el próximo reto.

Y lo mejor, compañerismo cuando no amistad. Ese empujón de un desconocido, ese “¿Todo bien?¿Necesitas algo?” que nadie se ahorró cuando te veía parado en el camino, al borde de la extenuación en un repecho o recuperando la respiración debajo de algún árbol. Ese esperar y ser esperado para, como no podía ser menos, entrar a la vez bajo el arco de llegada porque lo importante, más que llegar, era que lo hiciéramos todos.

Ahora toca descansar y recuperar las piernas que, a día de hoy, aún se quejan. Seguro que en pocos días volveremos a subirnos a las bicis, a las rutas de siempre, a esas paradas con coca cola, picos y queso donde charlar de la semana con los amigos porque, no lo perdamos de vista, lo nuestro es salir con los amigos con la excusa de la bici.

Un servidor, ya no volverá a intentarlo en la edición del 2020. Seguro que estaré atento a las notificaciones que envíe la organización y aunque algún momento de flaqueza pueda tener estoy convencido que todo lo que había que demostrarse ya ha quedado demostrado y no hay necesidad de más.

A ver si lo cumplo.

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Entrenando la Madrid-Segovia MTB 2019

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El pelotón en marcha

Fechas: 1, 4 y 5 de mayo.

Asistencia: 5, que no es poco.

Rutas: Boadilla-Presa del Aulencia, Cercedilla-Otero de Herreros y Puente de Hierro

Distancias: 53,81 kms, 38,3 kms y 43,8 kms.

Meteorología: Primaveral total, con algo de frío el sábado por aquello de habernos ido a la sierra a subir cuestas.

Pues sí, ya estamos este año dándole al pedal para entrenar la nueva edición de la Madrid-Segovia en MTB. Ilusión por un tubo, ganas a rabiar, de forma, reguleras, pero mejorando y el pelotón, como siempre, hecho una piña y dispuesto a darlo todo para que nadie se quede atrás. ¿Qué más se puede pedir?.

Este largo puente de mayo, hemos hecho algo progresivo. Primero un poco de piernas subiendo a Colmenarejo, bajando a la presa del Aulencia y, aunque nuestra intención era volver por Arroyomolinos, la sorpresa de que las puertas sobre la presa estaban cerradas, nos hizo abandonar y, desandando lo andado, volver sobre nuestros pasos, después la segunda mitad de la Madrid-Segovia, con salida en la estación de cercanías, y subida al temible alto de los Leones que, sin arrastrar los 65 kms de Madrid a Cercedilla que llevaremos el día de la prueba, parece menos fiero, aunque duro y, para terminar, casi a modo de estiramiento, salida matutina en solitario desde Segovia al famoso puente de Hierro sobre el Guadarrama para volver por los campos que rodean Villaviciosa de Odón, de los que aún se puede disfrutar: nada que ver con el secarral polvoriento en el que, en escasos un par de meses, se convertirán.

Buenas sensaciones, buena bici, mejor compañía y estupendos avituallamientos donde, por primera vez, junto a las barritas energéticas, las coca-colas y los geles ha hecho su aparición un buen Rioja reserva.

Seguiremos trabajando para hacer un papel digno el día del evento.

Primavera adelantada

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El trío calavera

Fechas: 16 y 17 de marzo.

Asistencia: 5 el sábado y 3 el domingo.

Distancias: 66,89 kms y 34,34 kms.

Rutas: Boadilla-Torrelodones-Galapagar y Boadilla-Villanueva de la Cañada

Meteorología: Días de verdadera primavera por mucho que el calendario se empeñe en decirnos que seguimos en invierno.

100 kilómetros de bici este fin de semana. No ha estado mal. Palicilla el sábado con paseo hasta Torrelodones y subida a Galapagar por nuevos caminos que estuvieron de vicio y salida al estilo de los orígenes, con parada en Villanueva de la Cañada para desayuno de café y tostadas con estos dos impresentables de la foto que casi ni recordaban lo que era subirse a una bici. Dicho esto, confieso haberme sorprendido por la entrega y ganas a pesar de la falta de práctica y a algún que otro incidente, léase pinchazo a la vuelta a casa. Quizás el haberles prometido picoteo en casa con foie y vinito del bueno tuviera algo que ver…

De momento,viento en popa en los entrenamientos. La cosa toma tintes de profesionalidad con plan en excel con dificultad creciente rulando por el pelotón y gana, muchas ganas, de seguir pasándolo bien. Cruzo los dedos para que nada se tuerza.

Gastro-ciclismo del bueno

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Final de la ruta con Viña Pedrosa

Fechas: 2 y 3 de febrero de 2019

Asistencia: 4 de los más fieles.

Distancias: 45 y 23 kilómetros respectivamente.

Rutas: Boadilla-Casa de Campo y vuelta por la Casa de Campo

Meteorología: Días soleados de invierno con sus fríos y con un viento muy, pero que muy desagradable el sábado por la mañana.

Tres semanas, tres, llevaba sin dar un pedal. La bici, aburrida como pocas veces, dormitaba protegida en la terraza donde se le notaban ya algunos detalles de aburguesamiento: ruedas algo desinfladas, barro añejo en las ruedas y un poco de óxido que se atrevía a mostrarse en algún eslabón de la cadena. Alarmas bien claras de que hay que volver a la actividad, pronto y con ganas. Parece que no, pero el primero de junio con la temible Madrid-Segovia 2019 se acerca inexorablemente y no podemos darnos estos lujos de largos descansos.

No estábamos muy a tono, incluso los que no habían cejado en el entrenamiento por lo que, saliendo a unas horas tardías para nuestras costumbres, las 9:30h, nos aventuramos a nuestra clásica más clásica: el ida y vuelta a la Casa de Campo. Cuarenta y tantos kilómetros bien conocidos que nos dan para empezar el fin de semana con ánimo y deporte pero que no nos dejan baldados como sí que hacen otras rutas de nuestro catálogo.

La verdad es que no hubo nada especialmente destacable en la ruta, más allá de que el viento, por momentos, soplaba con una fuerza importante lo que, unido a algo de barro que encontramos por el camino, dio un tinte heroico a algún tramo. Lo realmente bueno llegó al final: para inaugurar mi nuevo alojamiento, dimos buena cuenta de un par de botellas de Viña Pedrosa reserva del 2015,  un foie, atención de mi amigo David Martín, algo de mojama con almendras fritas en casa y un queso que no se los saltaba un cojo. Buen rato de bici, mejor aperitivo y excelente compañía. ¿Alguien da más?

El domingo, por eso de cuidar la cantera, y

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En la capilla de los obuses

por aquello de recuperar algo de los kilómetros que debía a este perezoso 2019, me animé a segunda vuelta con mi primo Carlos con el que nos marcamos algún sube y baja interesante por la Casa de Campo y visitamos lo que, aparentemente, es una capilla campestre con sus orígenes en la Guerra Civil donde un Cristo rodeado por un par de obuses se esconde entre un jardín cuidado por algún alma anónima. Interesante peaje y desconocido, al menos para mí.

Seguiremos en un par de fines de semana.

La Ruta Viriato

IMG_20181117_213041_475Fecha: 17 de noviembre de 2018

Asistencia: Tres de los más aguerridos.

Distancia: 47,61 kms.

Ruta: Ruta Viriato

Meteorología: Día nublado pero que no se convirtió en lluvioso. Algo de frío, pero más por la altura que por el tiempo en sí mismo.

Pues esta vez nos fuimos al valle del Tiétar a hacer la ruta Viriato. Tras una muy buena labor de investigación por parte de Tabasco, nos liamos la manta a la cabeza y nos fuimos de excursión al Real de San Vicente, provincia de Toledo. Una horita y cuarto de coche y nos plantamos en el pueblo que, a esa hora, aparecía nublado y como única actividad grupos de cazadores que nos preocuparon ya que, según nos dijeron, iban a dar una montería.

No lo dudamos y para evitar que nos confundieran con algún jabalí y la salida acabase con funestas consecuencias para nosotros, nos pusimos rapidito a darle al pedal. La zona no puede ser más bonita, con castaños, robles y encinas a lo largo de todo el camino. Las pendientes no eran especialmente exigentes en esta primera etapa pero haberlas las había por lo que, casi sin darnos cuenta, las piernas se iban cansando poco a poco y las ropas de más empezaban su camino a la mochila.

Charla que te charla, los kilómetros van cayendo y las fotos se suceden. Algunas veces con nosotros y las más para dejar constancia de un paisaje maravilloso.

Todo bien, ay, hasta que llegamos a Almendral de la Cañada. El alma se me cae a los pies viendo las antenas que nos hacían de referencia del punto más alto del recorrido y asoman las primera rampas. Por mucho pundonor y a pesar de haber perdido bastantes kilos, no puedo con ellas. Me bajo de la bici y, con una técnica muy depurada por los años de práctica, empujo la bici intermitentemente. Me asusto al sentir los primeros calambres por lo que, parada y nueva barrita con masaje en los doloridos músculos parecen salvar la incidencia. Vuelta a subir y abandono. Dejo a mis compañeros que suban los 300 m. que quedaban de desnivel hasta las antenas y quedo esperando en un cruce de caminos. En los 20 minutos que tardan mis compañeros en subir y bajar, me reconcilio del género humano: de tres coches que pasan, tres se paran y me preguntan si necesito algo. La humanidad funciona.

Una vez reagrupado el pelotón, enfilamos la bajada de 4 kms. que, seguro que por error en la elección del camino, resulta una trialera terrible que debemos bajar a pie por no arriesgar nuestra integridad física.

Llegada al sitio de partida y descubrimiento de un asador espectacular en el que morcilla, habitas y cervezas nos dan, junto con un precio más que razonable, la excusa, que realmente no necesitábamos, para volver.

Algo tranquilito

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Salida en la Casa de Campo

Fecha: 20 de octubre de 2018

Asistencia: Cuatro de los habituales

Distancia: 62,34 kms.

Ruta: Vuelta a Madrid por el Anillo Verde.

Meteorología: Aunque se anunciaban lluvias, no cayó una gota. Mañana estupenda para darse una vuelta.

Después de algunas salidas un poco rutinarias donde ha primado más la parte charla que los aspectos deportivos, este pasado sábado amenazaba con una nueva versión del diluvio universal lo que unido a que, los últimos días lluviosos han debido dejar el campo bien embarrado, nos hizo sacar nuestro espíritu más burgués y menos esforzado junto con nuestros chubasqueros para buscar un circuito que, siempre evitando el tráfico, fuera lo más urbano (léase asfaltado) posible. Con estos condicionantes, la opción estaba clara: vuelta a Madrid por el Anillo Verde.

Tras la decisión, logística habitual para estos casos. Quedada en Boadilla y montaje de los correspondientes Thule para trasladarnos a la Casa de Campo y salir desde el lago. Ya la cosa empezaba bien cuando vimos que frío, lo que se dice frío, no hacía a pesar de lo temprano de la excursión. Sensación que mejoró cuando, llevando escasos kilómetros, vimos que nos sobraban los chubasqueros: muy buenos para no calarnos pero que nos hacían sudar la gota gorda.

Sobre el paseo, nada destacable con respecto a incursiones anteriores. Sube y bajas entretenidos sin cuestas de deslomarse. Mucha gente para un día que no tenía muy buena pinta de acuerdo a las previsiones meteorológicas , mucha charla y mejor compañía. Al final,62 kilómetros de pedaleo para hacer un poco de piernas y no perder la costumbre de cara a nuevas metas que ya estuvimos discutiendo. La temporada, al menos sobre el papel, pinta muy bien.

Iremos contando.

 

Curso medio del Guadarrama

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Cruzando el río Guadarrama

Fecha: 26 de agosto de 2018

Asistencia: 4 más nuestro amigo Bristish Ángel de vuelta en el país.

Distancia: 41,57 kms.

Ruta: Boadilla – El Pardillo

Meteorología: Calor aunque ya se nota que el mes de agosto va acabando.

Aunque parece sorprendente, hemos innovado en una zona que creíamos conocer como la palma de nuestra mano. Un paseo desde Boadilla a Villanueva del Pardillo donde, gracias a Ángel y su dominio de las aplicaciones de rutas, hemos bordeado nuevos desniveles, subido y bajado nuevas rampas y cruzado el Guadarrama con los zapatos en la mano.

La ruta no ha sido larga, unos 40 kilómetros de vuelta circular alrededor de casa. Como casi siempre, atravesamos Las Lomas y la autovía M-503 para empezar, a continuación, con las innovaciones. Para empezar, en vez de bajar hasta Villafranca del Castillo paralelos a la M-50, como hacemos habitualmente, nos vamos por una pista en cuyo final encontramos una pequeña hondonada que bordeamos hasta alcanzar el Guadarrama. A partir de ahí, seguimos el río en paralelo hasta cruzarlo por el paso que aparece en las fotos. Podíamos haberlo intentado subidos en las bicis pero, al no venir nuestro experto en caídas en charcos, optamos por descalzarnos y no arriesgar. Por las fechas y el calor que hacía,  tampoco le hicimos mucho asco a remojarnos un poco los pies.

A partir de ahí, vuelta a Boadilla, con alguna que otra innovación  más y subida por la Calle Duero de la urbanización del Bosque cuando ya iba apretando el calor y se agradecía la sombra de los pinos que había a ambos lados.

Buen rato, pincho de tortilla, Coca-Cola en el Pardillo y un buen rato de bici y charla sin mayores pretensiones.