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Acerca de madbici

Con un sobrepeso que me hace bajar las orejas cada vez que me subo en la báscula, hace ya más unos años me animé, con el padre de una compañera de mi hija, a dar una vuelta por los alrededores de Boadilla en mi veterana BH que, hasta ese momento, había estado dormitando durante más de 8 años en el garaje. Desde entonces, y con disciplina germánica, haga frío o calor, todos los sábados por la mañana me embuto en las poco compasivas prendas de ciclista, que no favorecen en nada mi tipín, y tras el madrugón de rigor, me voy dejando el aliento subiendo cuestas arriba y desmelenándome en las cuestas abajo. Como el número de masoquistas es mayor de lo que sospechaba, el pelotón ha ido progresivamente creciendo hasta contar con los ocho locos que somos con alguna que otra estrella invitada que se nos apunta de vez en cuando. Este blog sólo quiere dejar constancia de nuestras salidas para el escarnio de aquél que, sin nada mejor que hacer, nos preste su tiempo y nos lea. Estas crónicas no tienen ninguna ambición y deben ser entendidas como lo que son: un recordatorio de pasadas hazañas para los miembros del pelotón donde queden reflejadas nuestras pobres mejoras con el paso del tiempo, siempre desde la humildad y sin el menor atisbo de alarde o pretensión.

La senda del ingeniero

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Embalse de la Cañada Mojada

Fecha: 4 de julio de 2020

Asistencia: 6. Pleno

Distancia: 49,64 kms

Ruta: Alto del León – Senda del ingeniero – Alto del León

Tiempo: Calorina de julio pero, al ser un recorrido de montaña entre bosques, con una diferencia muy importante de graditos de menos con respecto a la solana de la Meseta

Años llevábamos diciendo que teníamos, algún día, que cerrar una de nuestras rutas con una comilona con la que poner la guinda al pastel de una ruta bonita y, aunque hemos tardado, lo hemos conseguido. Un doble éxito ya que la ruta ha sido preciosa y la comida, con la que nos homenajeamos al finalizar en el Asador del Alto del León, estuvo a la altura de las grandes ocasiones.

Vayamos al lado ciclista: con madrugón incluido, ya que no queríamos salir muy tarde, nos plantamos con todo el equipo en el Puerto de Guadarrama a las 8:15h de la mañana. Hacía hasta un poco de fresco pero, siendo julio, sabíamos que pronto sería una sensación pasajera y, en el fondo, lo agradecíamos. Desde el mismo puerto empezamos a subir por una pista asfaltada que deja unas instalaciones militares a la derecha y va picando hacia arriba. Cuesta tendida con no mucha pendiente que ya nos va regalando unas vistas espectaculares de toda la Meseta con Madrid al fondo, los pantanos de La Jarosa y Valmayor y el Valle de los Caídos. Alguna gente, la mayor parte andando, y algún ciclista es la única compañía que nos encontramos. Pinos y helechos, aún verdes en contraste con el marrón del campo que ya se impone, nos acompañan junto con algunas nubes de insectos, algunos de cuyos miembros acaban como aporte proteínico de los que, despistados, las atraviesan con la boca abierta.

Una vez coronado el collado del Hornillo, unos kilómetros de bajada, donde la pista asfaltada que traíamos deja su lugar, primero a una pista de tierra y, posteriormente, a sendas y trialeras interesantes. Y así, bajando, llegamos al Camping la Nava, que SendaIngeniero1rodeamos para empezar a subir de nuevo. Foto en el embalse de la Nava Mojada con todo el equipo y a volver a subir, ahora hasta el Collado de la Gargantilla. Estos kilómetros los hacemos con un espontáneo que se nos une: un señor de sus sesenta y muchos años que tira como una moto en las subidas. Ojalá lleguemos a esa edad con sus ganas y fuerzas.

Caminos entre bosques sin abandonar los caminos y parada de avituallamiento donde, junto a nuestras ya tradicionales coca-colas, quesos y picos se une el Reserva con el que nos obsequia Santonja últimamente en cada salida.

Vuelta a la bici, deshaciendo unos 100 metros de lo recorrido y desvío, difícil de encontrar, por sendas de a uno. A partir de ahí, y durante muchos kilómetros, senda técnica con sube y bajas en mitad del bosque que, cuando nos permite mirar otro sitio que no sea el propio camino, deja entrever, abajo en el valle, primero San Rafael y luego El Espinar. Nos cuesta dos caídas la senda, ambas sin importancia, pero las tomamos como un aviso de que hay que ir con cuidado. Todo verde, fresco y con arroyos que van atravesando la senda. Espectacular y casi increíble por la sensación de frescor a pesar de que ya es una hora calurosa de media mañana.

Sin casi tiempo para reponernos de la senda, que entiendo da nombre a la ruta, toca subir. Esta vez son 350 metros en menos de 5 kilómetros, ahora sí, bajo el inclemente sol y con el cansancio en las piernas de todo lo recorrido que hacen duro el tema. Aguantamos, algunos mejor que otros, y, finalmente, acabamos en formación de pelotón completo en el alto donde, aún sin haber reservado mesa, nos dan un sitio estupendo en el asador y damos cuenta de nuestros chuletones, mollejas, croquetas y corderos, todo acompañado de un Pago de Carrovejas que no se lo salta un galgo. Final estupendo para una jornada magnífica.

 

La vuelta tras el confinamiento

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Catando un Pago de Carrovejas

Fecha: 13 de junio de 2020

Asistencia: Seis, casi pleno

Distancia: 44,46 kms.

Ruta: Boadilla – Aeródromo – Mina “Antigua Pilar”

Meteorología: Fresquito para mediados de junio, pero ideal para el paseo que nos pegamos.

¿Quién nos iba a decir a nosotros que nos íbamos a llevar tanto tiempo encerrados en casa sin poder dar una pedalada? El confinamiento al que nos han sometido, y ojo, que no es una queja por lo que ha supuesto para tantos a los que ha cambiado la vida en muchos y más importantes aspectos, nos había alejado de esta afición que tantos buenos ratos nos ha dado y que, espero, nos siga dando.

El pelotón ha estado activo a pesar del encierro, con Jorge en el papel de Eva Nasarre, y los demás, en el de disciplinados alumnos, hemos conseguido tener, casi todos los días, nuestra sesión de crossfit, que no gimnasia, por vídeo conferencia. Cuarenta y cinco minutos de sudor y risas con los que, antes de la hora de los aplausos, nos hemos intentado mantener en forma. No ha estado mal y, lo mejor, es que parece que algo de efecto ha surtido, en tanto en cuanto, que, a pesar de la evidente pérdida de forma, ésta no ha sido tan escandalosa como se hubiera podido esperar.

Por fin, este sábado, aparte de algún aperitivo de salidas que hemos hecho por los alrededores de Boadilla, en las franjas que la fase no sé cuál, nos dejaban, ha sido el bautizo de fuego. ¡Y qué bautizo!. No sólo por la ruta, que es una modificación de nuestras clásicas, con salida en Boadilla, bajada al Guadarrama por Romanillos, Villanueva del Pardillo, subida a Colmenarejo y vuelta por la mina abandonada de cobre “Antigua Pilar”, sino por los dos sorpresones que nos reservaba Santonja, la primera, la pedazo Specialized Levo eléctrica con la que nos dejó boquiabiertos a todos. Una señora E-bike que bien calladita que se tenía, y con la que me ha dejado solo en la cola del pelotón y la segunda, el “Pago de Carrovejas” que se sacó de la mochila, con sus seis vasos de cristal incluidos, con el que acompañamos nuestro ya tradicional reconstituyente a base de queso y picos.

El paseo, sensacional por el tiempo y las sensaciones, ha sido el reencuentro con nuestros caminos y nuestra más querida afición. Ya estamos dándole vueltas a una temporada nueva que, con las ganas que tenemos en la mochila, apunta espectacular.

Seguimos en ruta.

 

Sevillanovense MTB 2020

Sevillanovense2020_1

Las monturas

Fecha: 8 de marzo de 2020

Asistencia: Tres. Ramírez, Llamosas y un servidor.

Distancia: 66,12 kms.

Ruta: Sevillanovense

Meteorología: Frío, mucho frío al principio, calor a media carrera, cuando estábamos escalando las pendientes más pronunciadas y, de nuevo, mucho frío cuando llegábamos por culpa de las nubes, así que, como en botica, un poco de todo.

Creo que nunca nos habíamos apuntado a una carrera como tal. Lo más parecido que recuerdo, son las salidas nocturnas de Arroyomolinos, pero eran marchas populares que, con escasamente de 40 kilómetros, pocas similitudes tenían con éstas más allá de las aglomeraciones en la salida y el ambiente festivo de las salidas y llegadas, así que hemos ido de novatos y, al menos en mi caso, de pardillo, de muy pardillo.

Sin miedo, que para eso ya están las facturas de primeros de mes, nos apuntamos a la ruta larga, que era para PROs, más por la ruta en sí misma que porque nos sintiéramos en forma o con fuerzas suficientes para medirnos con los que de verdad lo están.

Tras un madrugón dominical, que para esto de la bici, parece que no duele tanto como el de ir a la oficina, nos plantamos en Sevilla La Nueva una hora antes de la salida. Había ya mucho ambiente con gente recogiendo los dorsales, que nosotros ya  habíamos recogido el día antes en el lugar fijado por la organización, y tras un café en una de las cafeterías de la plaza del pueblo, nos metimos en la parrilla de salida. Un gran ambiente y, como era de esperar, gente que se lo tomaba en serio: debía ser el único con las piernas sin depilar.

La carrera, que eso era, empieza a las 10h con una salida multitudinaria a toda velocidad. En ese momento, y durante los 15 primeros kilómetros, la cosa va bien: cuesta abajo y plato grande (yo monto tres en mi bici) . Medias de veintitantos y desarrollo potente. Empiezo a ver que, a pesar de ir más rápido que nunca, al igual que me pasaba en la Madrid-Segovia, todos me adelantan y a pocos adelanto. Fortaleza mental y resignación, que no hay otra en estos casos.  Llego sin problemas al primer punto de corte con holgura sobre el tope establecido por la organización

En el kilómetro 24 empieza la fiesta. Después de ir a toda velocidad, empiezan las cuestas. Subidita de más de 150 metros en menos de kilómetro y medio que subimos sin poner pie a tierra, y eso que algunos repechos se las traían. Paisaje espectacular y, todavía, se rueda con fuerzas. Bajada hasta el kilómetro 33 entre encinas y, de nuevo, subida desde la playa del Alberche, donde se encuentra el segundo punto de control y el primer avituallamiento en el que ya van quedando pocas cosas. A menos de un kilómetro y tras atravesar la carretera por un túnel, toca subir de nuevo: cartel de 20% de desnivel y de ánimo que no evitan que me baje de la bici y empuje parte de la pendiente.

Ya vamos quedando pocos en la cola del pelotón, mi sitio de la carrera, pero, a pesar de todo, ruedo con un chico hasta Villamanta y el segundo punto de avituallamiento, ya en el kilómetro 51. Tomo agua, una naranja y vuelvo a la ruta.

Al poco, helado porque se ha encapotado el día, me paro con tirones en las piernas. Las masajeo, tomo una barrita, me pongo la cazadora y vuelvo a pedalear por un terreno yermo donde se van sucediendo los subidas y bajadas por una pista de tierra ancha y sin mucha complicación de haber estado fresco. Acabados los tiempos del plato grande hace ya tiempo, voy alternando desarrollos con el plato mediano en las bajadas y a molinillo las subidas, sean de la pendiente que sean, porque las fuerzas ya no dan para más. Nadie a la vista y empiezo a pensar que me tocará conformarme con ser el último de los que no han abandonado porque eso sí, llegar, llegaré.

Desde el kilómetro 59 me toca sufrir: calambres, cansancio y cabreo por las vueltas que nos hace dar la organización cuando ya se ve el pueblo de Sevilla La Nueva a escasos centenares de metros para acabar llegando, eso sí, con media hora de adelanto con respecto a la hora de corte y, aunque suene un poco malvado, contento de ver que algunos conocidos llegan detrás de mí. No he sido el último…

A la llegada estoy tan reventado que no me entra nada de comida, mis piernas son todo un dolor que no se aplaca ni con descanso ni con calentamiento. Mis compañeros están igual, bueno, Jorge, que Ramírez anda a otro nivel y se le ve tan pichi.

La ruta no era dura, era bastante rodadora y asequible, pero no supimos, o al menos yo, dosificar las fuerzas. Nunca me he preocupado de las medias en mis salidas y, en una carrera, es casi lo más importante. Dos lecciones que toca aprender.

En cualquier  caso una cura de humildad en toda regla que me hace ver que me siguen sobrando kilos y faltando fuerzas. Va a haber que esforzarse más para estar a la altura en próximas ocasiones, que seguro que habrá.

 

 

¡¡Vaya día de febrero!!

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Tomando el merecido aperitivo

Fecha: 22 de febrero de 2020

Asistencia: Cuatro de los de siempre

Distancia: 59,37 kms.

Ruta: Boadilla del Monte – Perales de la Milla

Meteorología: Espectacular. Un día de primavera de lujo en mitad del invierno.

No nos desanimamos ni en las peores condiciones meteorológicas, como para perdernos un día como el que tuvimos el lujo de vivir sobre nuestras bicis el pasado 22 de febrero. Sol, ni una sola nube, y una temperatura que no bajó de los 14º durante casi todo el tiempo.

Se había propuesto, el día anterior, una salida donde primaran los kilómetros a la pendiente por lo que ir al Pardo parecía la opción idónea: pocas cuestas y, entre pitos y flautas, unos 70 kilómetros de ida y vuelta pero, como somos así de complicados, mientras cambiábamos las pastillas de freno de alguno que llevaba años sin hacerlo, nos decantamos por una salida allende Brunete con la idea de disfrutar del campo que, ya se nos antojaba en ese momento, iba a estar de escándalo.

A eso de las 9:30h salimos y nos dirigimos a Brunete. Por no perder mucho tiempo, recorrimos gran parte de ese primer tramo por carretera, pero, al llegar a la entrada de la urbanización de las Raya del Palancar, nos metimos por caminos que ya no abandonamos. Cruzamos Brunete y nos dirigimos hacia Colmenar de Arroyo dejando las instalaciones de Ilunion y algunas cuadras de los alrededores del pueblo. Sólo dejamos el camino al llegar al camino alto de Quijorna, donde nos desviamos para bordear la dehesa de Perales de la Milla. Pendientes suaves y paisajes estupendos para acabar tomando el aperitivo (nuestro consabido queso, picos y coca colas) al comienzo de la cuesta del Salobral que, esta vez, nos abstuvimos de subir. Charleta, algún espárrago arrancado y vuelta a Boadilla donde, como variante para evitar la carretera, decidimos volver por camino paralelo a la carretera desde la Raya del Palancar hasta los nuevos desarrollos de Boadilla.

Otro día estupendo de bici que disfrutamos como siempre. Pensando en apuntarnos a la sevillonense para dentro de dos semanas. Ya veremos.

Un poquito de cuesta

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Antenas de la NASA: Robledo de Chavela

Fecha: 19 de enero de 2020

Asistencia: Tres

Distancia: 52,34 kms

Ruta: Navas del Rey-Robledo de Chavela – Navas del Rey

Meteorología: Frío, algo de barro y, sobre todo, ráfagas de viento de mucho cuidado en los altos.

Pues no, no he dejado este afición tan sufrida como es la del pedal, la cuesta y el barro. Quizás los amigos con los que sufro cada fin de semana, el paisaje que sólo se ve cuando culminas la cuesta que tanto duele subir, el barro que cubre nuestras mochilas llenas de coca colas, queso y picos, que no iguala gel alguno, y que devoramos en lugares que no habríamos soñado siquiera conocer en otras circunstancias están detrás del misterio ¿Quién sabe? La realidad es que, a pesar del parón redactor, los kilómetros han seguido cayendo, bien bajo las ruedas de mi bici y, en menor medida, bajo las casi olvidadas zapatillas de correr que, en este 2019, han vuelto al asfalto tras mucho tiempo olvidadas en el zapatero o bajo la cama. Sigo sin estar en forma pero tampoco me importa, voy aguantando el ritmo y no es poco.

Este fin de semana, nos hemos atrevido a innovar y nos hemos ido a Navas del Rey. Desde Boadilla escasos treinta kilómetros en coche por la carretera de los Pantanos que nos dejan a las 9 de la mañana listos para empezar. El perfil es de subida casi todo el tiempo al principio. Como vamos bien de fuerzas, vamos subiendo con ánimo y tomando fotos de las vistas del pantano de San Juan, bastante vacío, la verdad. Pinares, encinas y una pista de lujo hacen lo difícil sencillo y los metros de subida van quedando atrás, para dar paso a un verdadero rompe piernas de subidas y bajadas que se van sucediendo durante muchos kilómetros y que van minando las reservas. Tampoco ayuda el aire huracanado que, cuando vamos tocando las distintas cimas, nos empuja.

A eso de los 30 kilómetros de recorrido paramos a degustar nuestras vituallas. Asombroso la cantidad de colegas ciclistas que nos encontramos en los parajes, a priori, deshabitados. Llama también la atención como las bicis eléctricas, poco a poco, se van haciendo su hueco en los pelotones que nos vamos encontrando.

Bajada a Robledo de Chavela para afrontar la última etapa de la ruta: subida a la ermita de Navahonda para dejarnos caer definitivamente a Navas pasando por las antenas de la NASA.

Vuelta a casa a la hora de comer y siestecita bien ganada tras plato de lentejas reponedor.

 

Por fin… en Sevilla

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En el puente de Triana

Fecha: 20 de octubre de 2019

Asistencia:  Dos Salas (Francisco e Ignacio).

Distancia: 44,96 kms.

Ruta: Sevilla -Olivares

Meteorología: Solazo, pero algo de frío ya que andaba soplando una brisilla interesante.

Pues sí, ya tenía gana, ya, de darme una vueltecita por Sevilla, así que, aprovechando que tocaba comida familiar, me eché la bici al maletero del coche y lié a mi hermano para salir este domingo. A punto estuvo todo de irse rodando ya que, la tarde y toda la noche anteriores estuvo cayendo una buena tunda de agua pero, parece que el tiempo se compadeció de nosotros y nos dio un respiro el domingo por la mañana.

La verdad es que fue un gustazo como pocos. Salida desde Nervión para pasear por el Pº de Colón con el Guadalquivir como compañero hasta cruzarlo y dejarlo atrás por el puente del Cachorro. Subida al Aljarafe desde Camas, una cuestecilla tendida y larga, pero nada complicada para adentrarnos, ya entre olivos y naranjos, para llegar a Salteras y Olivares donde nos tomamos un desayuno a base de tostada de mantequilla y jamón que no se la saltaba un galgo. Mucha gente, mucho carril bici y poco campo pero, la verdad, tampoco era cuestión de ponerse de barro hasta las orejas que era lo que nos hubiese tocado por todo lo que había caído por la noche. Vuelta casi por el mismo camino, aunque desviándonos a Salteras y, de ahí, a las colinas que rodean Sevilla donde aprovechamos para tomarnos alguna foto. Bajada técnica por caminos y vuelta al Guadalquivir por Triana. No podía faltar el último avituallamiento en “La Doma” donde cayeron sus Cruzcampo bien fresquitas y a casa.

No quedamos muy cansados a pesar de que, a lo tonto, nos hicimos casi 45 kilómetros de ruta, pero la satisfacción de incluir entre mis rutas una por la que siempre ha sido mi tierra, le ha dado al evento un sabor especial que será difícil de olvidar.

Tocará repetirlo más pronto que tarde.

 

Retomando el curso

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Acabando la ruta

Fecha: 31 de agosto de 2019.

Asistencia: Los cuatro de la foto.

Ruta: Boadilla – Navalcarnero.

Distancia: 57,73 kms.

Meteorología: Veraniega pero sin calor excesivo… y eso que salimos un poco tarde para lo que es habitual.

 

Poco a poco el pelotón va recuperando activos y, aunque las secuelas de las vacaciones en forma de kilitos de más y tripita fondona se deja notar, vamos retomando el pulso, las rutas, las medias y las distancias de antaño.

Este fin de semana no teníamos muy claro donde ir y, aunque la opción de escalar hasta Torrelodones pareció tomar algo de ventaja sobre el resto, conseguí colar el paseo a Navalcarnero. Es una variante de nuestra ruta del Puente de Hierro que, tras salir del Monte del Sacedón, en lugar de recorrer el Guadarrama, pica hacia los campos de cereal que rodean Sevilla La Nueva y Navalcarnero para acabar la Dehesa de Marimartín, un pinar en mitad del secarral que sorprende. Viñas, de la que tomamos prestada alguna uva, cazadores al acecho de las torcaces de la zona y campos ya segados. Toda una estampa de la Castilla de siempre.

En lo ciclista, casi 60 kilómetros a un ritmo lentito pero mantenido, que tampoco estamos para alardes. Parada en el pinar de la dehesa para tomar nuestros ya clásicos quesos con picos, coca-colas y plátano cortesía de Santonja que aprovechó nuestro paso por Brunete par comprar en el mercadillo de los sábados.

Al final, por aquello de que aunque el verano no haya sido de los brutales en lo que a temperaturas se refiere, el calor hizo su acto de presencia y paramos en mitad de la urbanización El Bosque para rellenar las cantimploras y prepararnos para recorrer los últimos metros antes de volver a casa.

Para la semana que viene, quien sabe. Se está hablando de prueba con desafío: 76 kilómetros y 1.200 metros de desnivel por la ruta del Jarama (circuito 7 estrellas ). Ya veremos si nos vemos con fuerza.

 

Huellas de la Guerra Civil

 

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Restos del frente de Brunete

Fecha: 10 de agosto de 2019

 

Asistencia: los tres sin vacaciones del pelotón.

Ruta: Boadilla – Zona de Quijorna

Distancia: 45,81 kms.

Meteorología: Pues tampoco fue para tanto, pensando en lo que podría haber sido una salida en pleno mes de agosto.

Con dudas de que hubiera alguien todavía por Boadilla pero con las mismas ganas de una salida en bici de siempre, esta semana la cosa no pintaba muy bien el jueves. Sin embargo, Carlos y Ángel respondieron a la llamada y, sin madrugar demasiado para lo que estilamos en verano, nos pusimos en marcha un sábado más.

Como casi siempre improvisamos la ruta en el momento de salir. Temiendo que, el siempre en forma Ángel, se sacase de la manga alguna de sus temidas rutas donde las cuestas arriba son frecuentes, duras y tan llenas de sufrimiento que las escasas, suaves y cortas bajadas no son capaces de compensar, nos pusimos en movimiento con más miedo que vergüenza.

La cosa empezó suave con una bajadita al Guadarrama, que atravesamos para llegar, aun temprano y sin calor, a Villanueva de la Cañada. Desde ahí nos desviamos hacia Quijorna con la intención de subir el Cerro del Lobo. El terreno, aunque seco, no estaba mal, por lo que los kilómetros iban cayendo sin mucho esfuerzo.

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En el lugar de los hechos

Quizás porque el cansancio no nos hizo mucha mella en ese primer tramo, al llegar al cerro, se nos ocurrió acercarnos a ver el camión abandonado y lleno de agujeros de bala de la foto. Un recuerdo, junto con los muchos búnkeres de la zona, recuerdan lo que aquí paso hace un verano de hace 72 años ya.

Guiados por la memoria de Ángel y su GPS llegamos al objetivo y nos tomamos una bien merecida Coca Cola.

Vuelta, con algún despiste que supimos resolver y alguna cuestecita con la que no contábamos por ruta alternativa a la carretera de Boadilla a Brunete para acabar, antes del mediodía, en casa.

Un excelente paseo matinal para no perder la práctica, buena charla y mejor compañía.

A seguir disfrutando las próximas semanas que espero poder seguir contando.

 

Bajo un sol inclemente

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Pelotón en el puente de Hierro

Fecha: 13 de julio de 2019

Asistencia: seis, que no es poco.

Ruta: Boadilla – Puente de Hierro

Distancia: 46,75 kms.

Meteorología: Pues eso, lo del título. Calor a raudales, como va tocando en un mes de julio.

Pues, aunque no lo parezca, por aquí seguimos. Después de haber sobrevivido a la experiencia de la Madrid-Segovia de este año, y tras un período de recuperación, nos hemos vuelto a poner la ropa ajustada, hemos adelantado el momento de la salida para evitar la calorina y nos hemos subido de nuevo a la bici para empezar otra temporada. De momento, vamos tranquilos, sin metas que atravesar, ni desafíos que nos motiven, pero con ganas, muchas ganas, de tirarnos por los caminos del Guadarrama y alternar subidas, bien conocidas, con aperitivos, preferentemente de tortilla de patatas, torreznos, morcillitas y demás chucherías con las que solemos regalarnos el rato final de cada ruta.

El sábado pasado recuperamos una de nuestras clásicas: la del bosque de Sacedón o, como mejor la conocemos, la ruta del puente de hierro. Unos 46 kilómetros de bici con salida un poco tardía, ya que estábamos perezosones, nos habíamos confabulado para tomarnos algo al final y tampoco era cuestión de empezar  a tomar cervezas a las diez de la mañana.

Como siempre, el paisaje excepcional, a pesar de la sequedad y que no ha caído una gota en meses, la charla entretenida y el pelotón funcionando como un reloj. Salida desde Boadilla a las 9h, llegada a Brunete, que atravesamos cuando estaban montando el mercadillo del fin de semana, llegada al bosque y paseo por la vía pecuaria, bajada al río Guadarrama, cuyo curso seguimos primero en dirección a Arroyomolinos, para, volviendo sobre nuestros pasos pero por la otra orilla, subir hasta Villaviciosa de Odón, paradita en el Bosque y llegada a casa tras tres horitas de ciclismo.

La próxima semana volveremos a subirnos y a disfrutar de otro rato de bici.

MTB Madrid – Segovia 2019

 

MTB Madrid Segovia 2019

Llegada a Segovia

Fecha: 1 de junio de 2019

 

Asistencia: 4 de 5. Nos faltó el jabato Santonja.

Ruta: MTB Madrid-Segovia

Distancia: Oficialmente 117 kms, en realidad, un par de ellos menos.

Meteorología: Calor aplastante.

Y ya van dos. Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra y, al igual que en la edición pasada, prometo que no me vuelven a encontrar en otra como ésta. Seguro que mi cerebro, en un par de días, empezará a olvidar lo sufrido y a sublimar lo bueno de esta paliza, pero creo que, a diferencia de lo acontecido el año pasado, espero que mi (escasa) inteligencia me proteja de intentarlo una tercera vez.

¿Qué decir de la prueba?.

Ilusión. Toda la que hemos volcado en los últimos meses entrenando todos los sábados, siguiendo un plan de entrenamiento donde, progresivamente, íbamos subiendo en distancia, desnivel y dificultad, pero siempre disfrutando de esto de la bici.

Emoción. Ese primer momento en la salida con miles de ciclistas listos para empezar un día que, para todos, fue largo. Los AC/DC sonando en la línea de salida, los primeros atascos, ese volar en pelotón bien nutrido hasta Colmenar, ese hormiguero que parecían los dos primeros avituallamientos, esos ánimos que nos deseábamos entre todos…sin hablar de la llegada a Cercedilla primero y a Segovia a media tarde.

Calor. Que sustituyó al barro del año pasado y que fue casi más cruel que él. Ese solazo que, a medida que pasaban las horas, hacía cada pedalada más dura y cada repecho un poco más empinado que el anterior.

Esfuerzo y sufrimiento. El de todos. Desde el primero hasta el último. Desde el que volaba en la bici para llegar a Segovia a subirse al podio como el del último que, como muchos de nosotros, acabó la carrera extenuado, empujando la bici a tramos y deseando llegar al siguiente puesto de avituallamiento para recargar agua y dar cuenta de algo de fruta.

Orgullo. ¿Por qué no decirlo? Por ser capaz de darnos una paliza así y llegar. Por tener una segunda medalla sin valor material pero que cuelga ya en un lugar predominante del salón de casa, como si de una joya se tratase. Ocupando un espacio importante donde poder echarle un ojo cuando flojeemos y creamos que no somos capaces de afrontar el próximo reto con el que nos desafíe la vida.

Y lo mejor, compañerismo cuando no amistad. Ese empujón de un desconocido, ese “¿Todo bien?¿Necesitas algo?” que nadie se ahorró cuando te veía parado en el camino, al borde de la extenuación en un repecho o recuperando la respiración debajo de algún árbol. Ese esperar y ser esperado para, como no podía ser menos, entrar a la vez bajo el arco de llegada porque lo importante, más que llegar, era que lo hiciéramos todos.

Ahora toca descansar y recuperar las piernas que, a día de hoy, aún se quejan. Seguro que en pocos días volveremos a subirnos a las bicis, a las rutas de siempre, a esas paradas con coca cola, picos y queso donde charlar de la semana con los amigos porque, no lo perdamos de vista, lo nuestro es salir con los amigos con la excusa de la bici.

Un servidor, ya no volverá a intentarlo en la edición del 2020. Seguro que estaré atento a las notificaciones que envíe la organización y aunque, en algún momento de flaqueza pueda tener, estoy convencido que todo lo que tenía que demostrarse ya ha quedado demostrado y no hay necesidad de más.

A ver si lo cumplo.