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Acerca de madbici

Con un sobrepeso que me hace bajar las orejas cada vez que me subo en la báscula, hace ya más unos años me animé, con el padre de una compañera de mi hija, a dar una vuelta por los alrededores de Boadilla en mi veterana BH que, hasta ese momento, había estado dormitando durante más de 8 años en el garaje. Desde entonces, y con disciplina germánica, haga frío o calor, todos los sábados por la mañana me embuto en las poco compasivas prendas de ciclista, que no favorecen en nada mi tipín, y tras el madrugón de rigor, me voy dejando el aliento subiendo cuestas arriba y desmelenándome en las cuestas abajo. Como el número de masoquistas es mayor de lo que sospechaba, el pelotón ha ido progresivamente creciendo hasta contar con los ocho locos que somos con alguna que otra estrella invitada que se nos apunta de vez en cuando. Este blog sólo quiere dejar constancia de nuestras salidas para el escarnio de aquél que, sin nada mejor que hacer, nos preste su tiempo y nos lea. Estas crónicas no tienen ninguna ambición y deben ser entendidas como lo que son: un recordatorio de pasadas hazañas para los miembros del pelotón donde queden reflejadas nuestras pobres mejoras con el paso del tiempo, siempre desde la humildad y sin el menor atisbo de alarde o pretensión.

Retomando el curso

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Acabando la ruta

Fecha: 31 de agosto de 2019.

Asistencia: Los cuatro de la foto.

Ruta: Boadilla – Navalcarnero.

Distancia: 57,73 kms.

Meteorología: Veraniega pero sin calor excesivo… y eso que salimos un poco tarde para lo que es habitual.

 

Poco a poco el pelotón va recuperando activos y, aunque las secuelas de las vacaciones en forma de kilitos de más y tripita fondona se deja notar, vamos retomando el pulso, las rutas, las medias y las distancias de antaño.

Este fin de semana no teníamos muy claro donde ir y, aunque la opción de escalar hasta Torrelodones pareció tomar algo de ventaja sobre el resto, conseguí colar el paseo a Navalcarnero. Es una variante de nuestra ruta del Puente de Hierro que, tras salir del Monte del Sacedón, en lugar de recorrer el Guadarrama, pica hacia los campos de cereal que rodean Sevilla La Nueva y Navalcarnero para acabar la Dehesa de Marimartín, un pinar en mitad del secarral que sorprende. Viñas, de la que tomamos prestada alguna uva, cazadores al acecho de las torcaces de la zona y campos ya segados. Toda una estampa de la Castilla de siempre.

En lo ciclista, casi 60 kilómetros a un ritmo lentito pero mantenido, que tampoco estamos para alardes. Parada en el pinar de la dehesa para tomar nuestros ya clásicos quesos con picos, coca-colas y plátano cortesía de Santonja que aprovechó nuestro paso por Brunete par comprar en el mercadillo de los sábados.

Al final, por aquello de que aunque el verano no haya sido de los brutales en lo que a temperaturas se refiere, el calor hizo su acto de presencia y paramos en mitad de la urbanización El Bosque para rellenar las cantimploras y prepararnos para recorrer los últimos metros antes de volver a casa.

Para la semana que viene, quien sabe. Se está hablando de prueba con desafío: 76 kilómetros y 1.200 metros de desnivel por la ruta del Jarama (circuito 7 estrellas ). Ya veremos si nos vemos con fuerza.

 

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Huellas de la Guerra Civil

 

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Restos del frente de Brunete

Fecha: 10 de agosto de 2019

 

Asistencia: los tres sin vacaciones del pelotón.

Ruta: Boadilla – Zona de Quijorna

Distancia: 45,81 kms.

Meteorología: Pues tampoco fue para tanto, pensando en lo que podría haber sido una salida en pleno mes de agosto.

Con dudas de que hubiera alguien todavía por Boadilla pero con las mismas ganas de una salida en bici de siempre, esta semana la cosa no pintaba muy bien el jueves. Sin embargo, Carlos y Ángel respondieron a la llamada y, sin madrugar demasiado para lo que estilamos en verano, nos pusimos en marcha un sábado más.

Como casi siempre improvisamos la ruta en el momento de salir. Temiendo que, el siempre en forma Ángel, se sacase de la manga alguna de sus temidas rutas donde las cuestas arriba son frecuentes, duras y tan llenas de sufrimiento que las escasas, suaves y cortas bajadas no son capaces de compensar, nos pusimos en movimiento con más miedo que vergüenza.

La cosa empezó suave con una bajadita al Guadarrama, que atravesamos para llegar, aun temprano y sin calor, a Villanueva de la Cañada. Desde ahí nos desviamos hacia Quijorna con la intención de subir el Cerro del Lobo. El terreno, aunque seco, no estaba mal, por lo que los kilómetros iban cayendo sin mucho esfuerzo.

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En el lugar de los hechos

Quizás porque el cansancio no nos hizo mucha mella en ese primer tramo, al llegar al cerro, se nos ocurrió acercarnos a ver el camión abandonado y lleno de agujeros de bala de la foto. Un recuerdo, junto con los muchos búnkeres de la zona, recuerdan lo que aquí paso hace un verano de hace 72 años ya.

Guiados por la memoria de Ángel y su GPS llegamos al objetivo y nos tomamos una bien merecida Coca Cola.

Vuelta, con algún despiste que supimos resolver y alguna cuestecita con la que no contábamos por ruta alternativa a la carretera de Boadilla a Brunete para acabar, antes del mediodía, en casa.

Un excelente paseo matinal para no perder la práctica, buena charla y mejor compañía.

A seguir disfrutando las próximas semanas que espero poder seguir contando.

 

Bajo un sol inclemente

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Pelotón en el puente de Hierro

Fecha: 13 de julio de 2019

Asistencia: seis, que no es poco.

Ruta: Boadilla – Puente de Hierro

Distancia: 46,75 kms.

Meteorología: Pues eso, lo del título. Calor a raudales, como va tocando en un mes de julio.

Pues, aunque no lo parezca, por aquí seguimos. Después de haber sobrevivido a la experiencia de la Madrid-Segovia de este año, y tras un período de recuperación, nos hemos vuelto a poner la ropa ajustada, hemos adelantado el momento de la salida para evitar la calorina y nos hemos subido de nuevo a la bici para empezar otra temporada. De momento, vamos tranquilos, sin metas que atravesar, ni desafíos que nos motiven, pero con ganas, muchas ganas, de tirarnos por los caminos del Guadarrama y alternar subidas, bien conocidas, con aperitivos, preferentemente de tortilla de patatas, torreznos, morcillitas y demás chucherías con las que solemos regalarnos el rato final de cada ruta.

El sábado pasado recuperamos una de nuestras clásicas: la del bosque de Sacedón o, como mejor la conocemos, la ruta del puente de hierro. Unos 46 kilómetros de bici con salida un poco tardía, ya que estábamos perezosones, nos habíamos confabulado para tomarnos algo al final y tampoco era cuestión de empezar  a tomar cervezas a las diez de la mañana.

Como siempre, el paisaje excepcional, a pesar de la sequedad y que no ha caído una gota en meses, la charla entretenida y el pelotón funcionando como un reloj. Salida desde Boadilla a las 9h, llegada a Brunete, que atravesamos cuando estaban montando el mercadillo del fin de semana, llegada al bosque y paseo por la vía pecuaria, bajada al río Guadarrama, cuyo curso seguimos primero en dirección a Arroyomolinos, para, volviendo sobre nuestros pasos pero por la otra orilla, subir hasta Villaviciosa de Odón, paradita en el Bosque y llegada a casa tras tres horitas de ciclismo.

La próxima semana volveremos a subirnos y a disfrutar de otro rato de bici.

MTB Madrid – Segovia 2019

 

MTB Madrid Segovia 2019

Llegada a Segovia

Fecha: 1 de junio de 2019

 

Asistencia: 4 de 5. Nos faltó el jabato Santonja.

Ruta: MTB Madrid-Segovia

Distancia: Oficialmente 117 kms, en realidad, un par de ellos menos.

Meteorología: Calor aplastante.

Y ya van dos. Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra y, al igual que en la edición pasada, me prometer de nuevo que no me vuelven a encontrar en otra como ésta. Seguro que mi cerebro, en un par de días, empezará a olvidar lo sufrido y a sublimar lo bueno de esta paliza, pero creo que, a diferencia de lo acontecido el año pasado, espero que mi (escasa) inteligencia me proteja de intentarlo una tercera vez.

¿Qué decir de la prueba?.

Ilusión. Toda la que hemos volcado en los últimos meses entrenando todos los sábados, siguiendo un plan de entrenamiento donde, progresivamente, íbamos subiendo en distancia, desnivel y dificultad, pero siempre disfrutando de esto de la bici.

Emoción. Ese primer momento en la salida con miles de ciclistas listos para empezar un día que, para todos, fue largo. Los AC/DC sonando en la línea de salida, los primeros atascos, ese volar en pelotón bien nutrido hasta Colmenar, ese hormiguero que parecían los dos primeros avituallamientos, esos ánimos que nos deseábamos entre todos…sin hablar de la llegada a Cercedilla primero y a Segovia a media tarde.

Calor. Que sustituyó al barro del año pasado y que fue casi más cruel que él. Ese solazo que, a medida que pasaban las horas, hacía cada pedalada más dura y cada repecho un poco más empinado que el anterior.

Esfuerzo y sufrimiento. El de todos. Desde el primero hasta el último. Desde el que volaba en la bici para llegar a Segovia a subirse al podio como el del último que, como muchos de nosotros, acabó la carrera extenuado, empujando la bici a tramos y deseando llegar al siguiente puesto de avituallamiento para recargar agua y dar cuenta de algo de fruta.

Orgullo. ¿Por qué no decirlo? Por ser capaz de darnos una paliza así y llegar. Por tener una segunda medalla sin valor material pero que cuelga ya en un lugar predominante del salón de como si de una joya se tratase. Ocupando un espacio en casa donde para echarle un ojo cuando flojeemos y creamos que no somos capaces de afrontar el próximo reto.

Y lo mejor, compañerismo cuando no amistad. Ese empujón de un desconocido, ese “¿Todo bien?¿Necesitas algo?” que nadie se ahorró cuando te veía parado en el camino, al borde de la extenuación en un repecho o recuperando la respiración debajo de algún árbol. Ese esperar y ser esperado para, como no podía ser menos, entrar a la vez bajo el arco de llegada porque lo importante, más que llegar, era que lo hiciéramos todos.

Ahora toca descansar y recuperar las piernas que, a día de hoy, aún se quejan. Seguro que en pocos días volveremos a subirnos a las bicis, a las rutas de siempre, a esas paradas con coca cola, picos y queso donde charlar de la semana con los amigos porque, no lo perdamos de vista, lo nuestro es salir con los amigos con la excusa de la bici.

Un servidor, ya no volverá a intentarlo en la edición del 2020. Seguro que estaré atento a las notificaciones que envíe la organización y aunque algún momento de flaqueza pueda tener estoy convencido que todo lo que había que demostrarse ya ha quedado demostrado y no hay necesidad de más.

A ver si lo cumplo.

Entrenando la Madrid-Segovia MTB 2019

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El pelotón en marcha

Fechas: 1, 4 y 5 de mayo.

Asistencia: 5, que no es poco.

Rutas: Boadilla-Presa del Aulencia, Cercedilla-Otero de Herreros y Puente de Hierro

Distancias: 53,81 kms, 38,3 kms y 43,8 kms.

Meteorología: Primaveral total, con algo de frío el sábado por aquello de habernos ido a la sierra a subir cuestas.

Pues sí, ya estamos este año dándole al pedal para entrenar la nueva edición de la Madrid-Segovia en MTB. Ilusión por un tubo, ganas a rabiar, de forma, reguleras, pero mejorando y el pelotón, como siempre, hecho una piña y dispuesto a darlo todo para que nadie se quede atrás. ¿Qué más se puede pedir?.

Este largo puente de mayo, hemos hecho algo progresivo. Primero un poco de piernas subiendo a Colmenarejo, bajando a la presa del Aulencia y, aunque nuestra intención era volver por Arroyomolinos, la sorpresa de que las puertas sobre la presa estaban cerradas, nos hizo abandonar y, desandando lo andado, volver sobre nuestros pasos, después la segunda mitad de la Madrid-Segovia, con salida en la estación de cercanías, y subida al temible alto de los Leones que, sin arrastrar los 65 kms de Madrid a Cercedilla que llevaremos el día de la prueba, parece menos fiero, aunque duro y, para terminar, casi a modo de estiramiento, salida matutina en solitario desde Segovia al famoso puente de Hierro sobre el Guadarrama para volver por los campos que rodean Villaviciosa de Odón, de los que aún se puede disfrutar: nada que ver con el secarral polvoriento en el que, en escasos un par de meses, se convertirán.

Buenas sensaciones, buena bici, mejor compañía y estupendos avituallamientos donde, por primera vez, junto a las barritas energéticas, las coca-colas y los geles ha hecho su aparición un buen Rioja reserva.

Seguiremos trabajando para hacer un papel digno el día del evento.

Primavera adelantada

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El trío calavera

Fechas: 16 y 17 de marzo.

Asistencia: 5 el sábado y 3 el domingo.

Distancias: 66,89 kms y 34,34 kms.

Rutas: Boadilla-Torrelodones-Galapagar y Boadilla-Villanueva de la Cañada

Meteorología: Días de verdadera primavera por mucho que el calendario se empeñe en decirnos que seguimos en invierno.

100 kilómetros de bici este fin de semana. No ha estado mal. Palicilla el sábado con paseo hasta Torrelodones y subida a Galapagar por nuevos caminos que estuvieron de vicio y salida al estilo de los orígenes, con parada en Villanueva de la Cañada para desayuno de café y tostadas con estos dos impresentables de la foto que casi ni recordaban lo que era subirse a una bici. Dicho esto, confieso haberme sorprendido por la entrega y ganas a pesar de la falta de práctica y a algún que otro incidente, léase pinchazo a la vuelta a casa. Quizás el haberles prometido picoteo en casa con foie y vinito del bueno tuviera algo que ver…

De momento,viento en popa en los entrenamientos. La cosa toma tintes de profesionalidad con plan en excel con dificultad creciente rulando por el pelotón y gana, muchas ganas, de seguir pasándolo bien. Cruzo los dedos para que nada se tuerza.

Gastro-ciclismo del bueno

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Final de la ruta con Viña Pedrosa

Fechas: 2 y 3 de febrero de 2019

Asistencia: 4 de los más fieles.

Distancias: 45 y 23 kilómetros respectivamente.

Rutas: Boadilla-Casa de Campo y vuelta por la Casa de Campo

Meteorología: Días soleados de invierno con sus fríos y con un viento muy, pero que muy desagradable el sábado por la mañana.

Tres semanas, tres, llevaba sin dar un pedal. La bici, aburrida como pocas veces, dormitaba protegida en la terraza donde se le notaban ya algunos detalles de aburguesamiento: ruedas algo desinfladas, barro añejo en las ruedas y un poco de óxido que se atrevía a mostrarse en algún eslabón de la cadena. Alarmas bien claras de que hay que volver a la actividad, pronto y con ganas. Parece que no, pero el primero de junio con la temible Madrid-Segovia 2019 se acerca inexorablemente y no podemos darnos estos lujos de largos descansos.

No estábamos muy a tono, incluso los que no habían cejado en el entrenamiento por lo que, saliendo a unas horas tardías para nuestras costumbres, las 9:30h, nos aventuramos a nuestra clásica más clásica: el ida y vuelta a la Casa de Campo. Cuarenta y tantos kilómetros bien conocidos que nos dan para empezar el fin de semana con ánimo y deporte pero que no nos dejan baldados como sí que hacen otras rutas de nuestro catálogo.

La verdad es que no hubo nada especialmente destacable en la ruta, más allá de que el viento, por momentos, soplaba con una fuerza importante lo que, unido a algo de barro que encontramos por el camino, dio un tinte heroico a algún tramo. Lo realmente bueno llegó al final: para inaugurar mi nuevo alojamiento, dimos buena cuenta de un par de botellas de Viña Pedrosa reserva del 2015,  un foie, atención de mi amigo David Martín, algo de mojama con almendras fritas en casa y un queso que no se los saltaba un cojo. Buen rato de bici, mejor aperitivo y excelente compañía. ¿Alguien da más?

El domingo, por eso de cuidar la cantera, y

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En la capilla de los obuses

por aquello de recuperar algo de los kilómetros que debía a este perezoso 2019, me animé a segunda vuelta con mi primo Carlos con el que nos marcamos algún sube y baja interesante por la Casa de Campo y visitamos lo que, aparentemente, es una capilla campestre con sus orígenes en la Guerra Civil donde un Cristo rodeado por un par de obuses se esconde entre un jardín cuidado por algún alma anónima. Interesante peaje y desconocido, al menos para mí.

Seguiremos en un par de fines de semana.